Centauros de la economía

19. diciembre 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

No son pocos los que todavía sostienen que Aznar fue el presidente del Gobierno que mejores servicios prestó a la economía de nuestro país, y que Rodrigo Rato fue el mejor ministro del ramo. Sin embargo, la evolución de las empresas públicas privatizadas compulsivamente bajo el mandato de ambos, y sobre todo, los datos que ahora aparecen a propósito del caso Bankia, desmontan sus argumentos.

De forma similar a lo que se pretende hacer en estos momentos, por ejemplo, con la sanidad madrileña (y con la diferencia de que la Constitución impide transferir al sector privado la propiedad del sistema sanitario público), durante la época de Aznar–Rato se malvendieron empresas públicas españolas que operaban en sectores estratégicos, y que acabaron en manos de amigos del clan Moncloa.

Estos dos centauros de la economía, apoyados por una cohorte de palmeros postmodernos empeñados en aplicar una ideología dieciochesca que ya ha fracasado varias veces a lo largo de la Historia, son los máximos responsables de la burbuja inmobiliario–financiera y de sus consecuencias. Son los máximos responsables también de que el Estado haya desaparecido del proceso de fijación de precios razonables en el campo de los servicios y suministros básicos, así como de no haber dotado a este país de un modelo económico sostenible cuando a mediados de los noventa comenzaron las deslocalizaciones masivas de la Industria y la Agricultura hacia los paraísos de la esclavitud laboral.

Pero el mayor reproche que se les puede realizar a Aznar y a Rato es haber gestionado la economía del país como el cortijo que Miguel Blesa dice no haber tenido nunca en Cajamadrid. El amiguismo sustituía a los méritos, del mismo modo que la fidelidad perruna se convertía en sucedáneo de la capacidad intelectual.

Así como que en la Grecia clásica los centauros representaban la dimensión más salvaje e instintiva de la persona gracias a su mitad animal, los neoliberales actuales constituyen un retroceso evolutivo para la especie humana, quizá con la diferencia de que en aquella época los centauros tenían cabeza, brazos y torso humanos, y cuerpo y patas de caballo, y ahora habría que invertir los términos.

 

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