Cenutrios en la Casa Blanca

12. abril 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Cuando un cenutrio consigue la Presidencia de los Estados Unidos gracias a los votos de 62,9 millones de cenutrios, lo normal es que acabe nombrando a un cenutrio como portavoz de la Casa Blanca. Esto es, precisamente, lo que ha ocurrido con el nombramiento del ultraconservador Sean Spicer como secretario de Prensa de la Administración Trump.

Hasta ahora, Spicer había demostrado su capacidad para mentir descaradamente con los datos de afluencia popular al acto de toma de posesión de su jefe. Suya fue la afirmación de que se trataba de la “mayor audiencia que jamás ha tenido una investidura, punto, tanto en persona como alrededor del mundo”. Frente a hechos objetivos que desmentían tal aseveración (como la fotografía aérea del evento, las audiencias televisivas o el nivel de ocupación del metro de Washington durante ese día), Spicer sólo acertó a decir que “a veces podemos estar en desacuerdo sobre los hechos”.

Sin embargo, los hechos, son, y por ello admiten poco margen para el acuerdo o el desacuerdo con ellos. Pero la Administración Trump no parece verlo así, por lo que el mandato del primer presidente fascista de la historia de los Estados Unidos, va a estar marcado por la sacralización de “verdades” ficticias, diseñadas para convencer a los más tontos.

Así quedó demostrado ayer durante otra comparecencia del portavoz de la Casa Blanca, en la que Sean Spicer dijo que Bashar Al Asad era peor que Hitler porque ni siquiera alguien tan despreciable como Hitler se rebajó a usar armas químicas” durante la Segunda Guerra Mundial.

¿Estupidez innata? ¿Fanatismo político? ¿Desconocimiento de la historia? ¿Una mezcla de las tres? Quién sabe… Lo cierto es que una majadería de semejante calibre no pasó desapercibida para los representantes de la prensa, allí presentes.

Cuando alguien le recordó a Spicer que Hitler gaseó a millones de judíos en los campos de exterminio, el portavoz de Trump respondió que el führer “no estaba usando el gas contra su propio pueblo de la forma en que Asad lo está haciendo, no hubo… los llevó a los ‘centros del Holocausto’ (eso lo sé…), pero lo que digo es que no en la forma en que Asad lo usó, lanzándolo sobre pueblos, sobre inocentes, en mitad de los pueblos”.

Así pues, según Spicer, los judíos, comunistas, homosexuales y disidentes alemanes gaseados por Hitler, no eran de “su propio pueblo”, y tampoco eran “inocentes”.

Pues bien, al margen de los millones de ignorantes que se dejen engañar por la Administración Trump, conviene recordar algunos hechos históricos fehacientemente documentados y absolutamente incontrovertibles:

1) Hitler usó armas químicas para cometer asesinatos en masa sobre ciudadanos alemanes y de otras nacionalidades (el gas Zyklon B puede dar fe de ello)

2) El 21 de agosto de 2013, el gobierno de Siria fue acusado por las potencias occidentales de lanzar armas químicas sobre el barrio damasceno de Guta, hecho que disparó la efervescencia belicista de personajes como François Hollande, David Cameron o Barack Obama, que exigieron una intervención militar aliada contra el gobierno de Bashar Al Asad

3) Un reportaje de la periodista norteamericana de Associated Press, Dale Gavlak, publicado ocho días después del suceso por MintPressNews [ver1][ver2], demuestra que el gobierno sirio no tuvo nada que ver con esa explosión, ya que esas armas químicas habían sido entregadas a los rebeldes sirios por el yihadista saudí Abu Ayesha, y su detonación se debió a la falta de pericia de los fundamentalistas de la oposición siria a la hora de manipularlas

4) Días después de destaparse la mentira promovida por Hollande, Cameron u Obama, el Parlamento Británico decidía prohibir a su gobierno una intervención militar en Siria. Posiblemente, las mentiras fabricadas sobre las supuestas armas de destrucción masiva iraquíes o sobre los ataques de Gadafi contra su propia población, estaban demasiado frescas

5) Como consecuencia del suceso de Guta, el gobierno sirio accedió a eliminar todo su arsenal de armas químicas, bajo supervisión internacional, dando lugar a un proceso certificado por la ONU y la OPAQ que concluyó en junio de 2015

Por todo lo cual, las palabras que ayer pronunció el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, no son más que un disparate nacido en el marco de una Administración delirante con el fin de convencer a todo el mundo de que las mentiras son verdades y viceversa.

Por cierto, otra verdad incuestionable: Donald Trump perdió las elecciones presidenciales, con 62,9 millones de votos frente a 65,8 millones de su rival, Hillary Clinton. La pervivencia de un sistema electoral arcaico, no oculta la falta de legitimidad democrática que arrastran el primer presidente fascista de los Estados Unidos y su corte de palmeros.

 

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