China y sus nuevos ricos

22. enero 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Cualquier persona mínimamente informada sabe que China es al comunismo lo que la Santa Inquisición es al Padre Llanos. El informe elaborado por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) sobre la filtración de más de dos millones de documentos procedentes de las gestoras de capital Portcullis TrustNet y Commonwealth Trust (publicado ayer por algunos medios como El País, The Guardian o Le Monde), es el último de los clavos que remacha esta triste constatación.

De él se desprende que las élites del llamado Partido Comunista Chino (PCCh) están más preocupadas por conceptos como “diversificación de riesgos”, “sociedades offshore” o “hedge funds” que por otros más cercanos a su presunta ideología como “justicia social”, “redistribución de la riqueza” o “propiedad colectiva de los medios de producción”.

No faltarán quienes atribuyan a esta paradoja la capacidad de demostrar –una vez más– la preeminencia del modo de producción capitalista respecto al que hace apenas unas décadas trataba de ofrecerse como alternativa al mismo en medio mundo. Sin embargo, y a la vista de las palmarias contradicciones en las que está incurriendo la teoría económica liberal tras hacerse con el control del planeta, es posible que estemos sólo ante un caso de ambición desmedida, unida a la impunidad que otorga el ejercicio despótico del poder, y aderezada por la falta de controles democráticos que se da en las dictaduras.

Es posible que el ser humano sea tan sólo un animal que tiende a apropiarse del mayor número posible de recursos, sin reflexionar acerca de las consecuencias que supone este comportamiento para sus congéneres y para el medio ambiente con el que interactúa. Pero lo que resulta irrefutable es que en 1948, y por primera vez en la historia, el ser humano decidía autolimitar su egoísmo individual, mediante una Declaración Universal que recogía los inalienables Derechos Humanos que asisten a cada persona en cualquier lugar del planeta.

Por lo tanto, resulta tan escandaloso como irrelevante que los veinte diputados más adinerados de la Asamblea Popular Nacional china sean 46 veces más ricos que los veinte congresistas norteamericanos más acaudalados. Lo verdaderamente importante es que tanto unos como otros tienen el deber legal de hacer que sus ciudadanos disfruten de una vida digna y acorde con los postulados de esta Declaración Universal, para lo cual resulta imprescindible un reparto equilibrado de la riqueza generada colectivamente.

Quizá sea demasiado pedir al ser humano que cumpla consigo mismo por encima de las ambiciones personales de un puñado de individuos enfermizamente antisociales, pero de lo que no cabe duda es de que merece la pena plantear esa batalla.

 

Tags: , , , ,

Comentarios cerrados