Cine precario, cultura precaria

6. febrero 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Vivimos una época cada vez más hostil hacia la cultura, hacia el pensamiento crítico y sobre todo, hacia la capacidad de los seres humanos para dejar de ser meras unidades de consumo dentro del capitalismo salvaje. El arte tiene la virtud de trascender la barrera de lo existente, y por eso es siempre tan peligroso para quienes detentan el poder.

La última gala de los Premios Goya dejó dos datos para la reflexión. El primero es que las salas de cine recaudaron en España más de 605 millones de euros en 2016, lo que supone un ingreso para el Estado de 105 millones en concepto de IVA. Sin embargo, el presupuesto del Estado para cine fue el año pasado de 77 millones de euros. “El Estado ha recaudado en concepto de IVA de entradas de cine 28 millones de euros más de lo que se va a gastar en él”, recordó durante su discurso el vicepresidente de la Academia, Mariano Barroso.

Y el segundo dato es aún más impactante: sólo ocho de cada cien actrices y actores españoles pueden vivir de su profesión.

El desempleo y la precariedad laboral están arrasando un sector profesional esencial para nuestro país, sin que las instituciones públicas se muestren demasiado preocupadas por ello.

Es necesario un cambio de mentalidad, tanto entre los gobernantes como entre los gobernados. Los primeros deben abandonar la tesis de un derechista llamado Mario Vargas Llosa, en virtud de la cual “la cultura, desgraciadamente, es, sigue siendo, un monopolio de la izquierda convencional, muy inalterable, que disfruta de privilegios y se permite satanizar a quienes no comparten sus ideales”, y abrazar la de otro derechista, mucho más demócrata que el anterior, llamado Nicolás Sarkozy: “la democratización de la cultura es brindar todos los medios para que el mayor número de personas pueda amar a Sófocles, Shakespeare o Racine, no suprimir a Sófocles, Shakespeare o Racine”.

Los segundos tienen que aprender que más allá del industrializado cine norteamericano hay emoción, tensión, pasión, intriga, amor, melancolía, fantasía, humor, realismo, desasosiego, aventura, mensaje, épica, intimismo y verdad, y que todo esto puede encontrarse en el cine realizado y producido en nuestro país.

 

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