Construyendo centros comerciales

29. abril 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Uno de los comentarios más habituales entre los habitantes de Zaragoza es que la ciudad padece un exceso de centros comerciales. Paralelamente, uno de los vicios institucionales más evidentes es la sumisión de los gobernantes a los proyectos de los grandes empresarios, independientemente de que éstos sean o no necesarios, convenientes, o incluso compatibles con el desarrollo armónico de la ciudad.

Este vicio se manifestó ayer cuando el gobierno municipal de Zaragoza dio el visto bueno a la aprobación inicial del Plan Especial de Urbanismo que autoriza la instalación de un nuevo centro comercial de tiendas outlet sobre los terrenos que actualmente posee Pikolín en la carretera de Logroño.

Esta recalificación de 192.374 metros cuadrados de uso industrial revela, además, las prisas que les están entrando a algunos grandes empresarios de esta tierra para que el Ayuntamiento arregle “lo suyo” antes de las próximas Elecciones Municipales. El precedente más inmediato es la cesión de La Romareda durante 75 años a la empresa Real Zaragoza SAD, acordada la pasada semana por el Consistorio de la capital aragonesa.

Pero volviendo al tema de Pikolín, cabe señalar que la recalificación inicialmente aprobada ayer rompe algunos de los iconos programáticos que el PSOE ha desarrollado durante la legislatura que ahora termina. No hay nada de movilidad sostenible en la construcción de un nuevo centro comercial en una zona de las afueras a la que el público se va a desplazar mayoritariamente en coche privado, ni tampoco se apoya al pequeño comercio de proximidad con la irrupción de otro macro-mega-hiper-recinto comercial, quizá destinado a sufrir el mismo fracaso económico por el que están atravesando en estos momentos otros centros comerciales de la ciudad.

Pero lo peor de la decisión tomada ayer por los gobernantes socialistas del Ayuntamiento de Zaragoza no tiene que ver tanto con los atascos automovilísticos ni con la competencia desleal hacia los pequeños comerciantes del centro que luchan cada día por subir la persiana, como con la orientación “outlet” de este nuevo recinto. No hay que olvidar que, por mucho que allí se vayan a ofertar artículos supuestamente excedentes aderezados con descuentos estratosféricos, una de las primeras medidas legislativas del régimen de Rajoy autorizaba a los tenderos a manipular en su beneficio el concepto de “rebajas” y de “saldos”.

 

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