Consulta pública sobre el Pabellón

2. octubre 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Imaginemos por un momento que hace 25 años el Ayuntamiento de Zaragoza construye un pabellón polideportivo y decide ponerle por nombre “Epi”, en referencia al gran baloncestista zaragozano que desarrolló su carrera en el FC Barcelona.

Imaginemos que en 2003 el gobierno de Aznar aprueba una Ley de Grandes Ciudades dirigida a los municipios de más de 250.000 habitantes (o capitales de provincia de más de 175.000), a través de la cual se incrementan las competencias de los gobiernos municipales, mientras se reducen las de los Plenos. En realidad, esto no hace falta imaginárselo, porque la medida forma parte del salón de los horrores políticos de nuestro país.

Imaginemos que, estando ya en vigor la Ley de Grandes Ciudades, un gobierno municipal en minoría del PP decide cambiar el nombre del Pabellón Epi, por el de Pabellón Felipe VI. Imaginemos también que el Pleno se pronuncia contrario a este cambio, por 11 votos a favor y 20 en contra (representantes de 102.116 personas y de 188.346, respectivamente).

Y ahora dejemos de imaginar, y démosle al asunto un giro ideológico de 180 grados.

Un juzgado de Zaragoza paralizaba ayer cautelarmente los trabajos de cambio de nombre del “Pabellón Príncipe Felipe” por el de “Pabellón José Luis Abós”, a propósito de unos supuestos defectos de forma. La medida fue decidida por el gobierno municipal de Zaragoza En Común en el ejercicio de sus competencias, aunque no cuenta con el respaldo del Pleno.

Llegados a este punto, el cambio de nombre de este equipamiento municipal ya no es una cuestión política, ni siquiera una cuestión judicial, sino una cuestión de legitimidad democrática. Tal como afirmábamos en este mismo espacio el pasado 28 de julio, la voluntad de 11 concejales no puede prevalecer sobre la de 20, por mucho que una ley aprobada por Aznar diga que sí, y aun en el caso de que el cambio de nombre esté más que justificado.

Así las cosas, la única salida honrosa que le queda al gobierno municipal de Zaragoza En Común es convocar una consulta popular sobre el nombre que debe llevar a partir de ahora el mayor polideportivo de la ciudad. Seguir aferrándose a las competencias atribuidas por la Ley de Grandes Ciudades para continuar con el cambio de nombre sería tan erróneo como renunciar al mismo para dejar que se imponga el tradicionalismo defendido por PP, PSOE y Ciudadanos.

Ha llegado el momento de que la ciudadanía zaragozana decida sobre el nombre que quiere ponerle a su pabellón. Esta es una ocasión magnífica para que comiencen a operar esas medidas de democracia directa preconizadas por las nuevas plataformas políticas de la izquierda.

 

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