Corruptos o idiotas

20. septiembre 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Los últimos días han sido muy reveladores en cuanto a algunas de las tramas de corrupción político-empresarial que este país ha padecido recientemente. Por un lado, la Fiscalía Anticorrupción hacía pública su petición de penas para los expresidentes andaluces Manuel Chaves y José Antonio Griñán por el caso de los ERE: 10 años de inhabilitación para el primero, y seis años de cárcel y 30 de inhabilitación para el segundo.

Por otra parte, en el lado popular se desataba el huracán Barberá, cuyos vientos llegaban hasta ayer mismo, cuando la exalcaldesa dirigía una carta a la Mesa del Senado para informar de su baja en el PP, y de paso, solicitar su inclusión en el Grupo Mixto. En su nueva poltrona, Rita Barberá mantendrá su condición de aforada, y percibirá unos 2.300 euros más que en la anterior.

La responsabilidad política es el elemento común a los tres casos, ya que bajo los pies de Chaves, Griñán y Barberá surgieron tramas de corrupción (inmensas en el caso de los dos primeros), de las cuales ellos/ella, o bien participaron, o bien no se enteraron. Así pues, ya sea por corruptos, ya por idiotas, Chaves, Griñán y Barberá merecen poner punto final a su vida política, independientemente de los reproches penales que más tarde puedan recibir sus actuaciones.

Sin embargo, la diferencia estriba en que mientras Chaves y Griñán renunciaron en su día a los escaños que ocupaban en el Congreso y en el Senado, la exalcaldesa valenciana se aferra a su sillón de la Cámara Alta, como último símbolo de ese poder pasado del que tanto le cuesta separarse.

Y es aquí donde se equivoca Mariano Rajoy. El presidente en funciones rompía este viernes sus 48 horas de silencio sobre el caso Barberá, cuando afirmaba en Bratislava que la exalcaldesa ha abandonado el Partido Popular; nosotros le pedimos en su día que abandonara la militancia,… ella lo ha hecho, y a partir de ahí, el presidente del PP ya no tiene ninguna autoridad para con ella”.

Sin embargo, y a pesar de este ponciopilatesco lavado de manos, el PP sigue gravemente afectado por el huracán Rita. Y es que la imagen que está transmitiendo el partido de Rajoy es la de una formación en la que los cargos públicos se atornillan al escaño, en lugar de asumir las responsabilidades políticas que les corresponden. Cabe destacar, una vez más, la actitud valiente de algunos jóvenes dirigentes como Casado, Maroto o Levy, en su petición de dimisión a la senadora tránsfuga, frente a quienes la siguen apoyando en su huida hacia delante.

En cualquier caso, Rita Barberá debería responder a tres simples preguntas: “si usted fue designada senadora autonómica por las Cortes Valencianas a propuesta del PP, y ahora ni es usted del PP, ni cuenta con la confianza de la cámara que la designó, ¿a quién representa usted en el Senado?” Segunda cuestión: “¿En razón de qué cobra casi 7.000 euros mensuales como senadora?” Y por último: “¿No se avergüenza usted de usted misma?”

 

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