Cotorras consistoriales

30. noviembre 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La semana pasada, surgía la noticia de que por primera vez en diez años, el Ayuntamiento de Zaragoza había conseguido reducir drásticamente el número de cotorras argentinas presentes en la ciudad. La institución había ejercitado sus competencias medioambientales para frenar la proliferación de una especie exótica, que ya estaba amenazando a la fauna local.

Queda admitido, pues, que las administraciones públicas deben intervenir para salvaguardar el equilibrio del ecosistema, cuando la pujanza de una especie invasora está en condiciones de alterarlo en su propio beneficio.

Lástima que aquello que nos parece lógico en el terreno de las ciencias naturales, no nos lo parezca tanto en el ámbito de las sociales. Dos días después de la mencionada noticia sobre las cotorras argentinas, llegaba otra de signo bien distinto. Las cotorras del PP, PSOE y Ciudadanos en el Ayuntamiento de Zaragoza, esas mismas que se pasan el año cacareando sus magníficas medidas de apoyo al pequeño comercio local, echaban por tierra una propuesta de Zaragoza En Común para solicitar al Gobierno de Aragón que prohibiera la instalación de nuevos centros comerciales en la ciudad.

Poco importaba que Zaragoza sea la capital de provincia española con más metros cuadrados de superficie comercial por habitante, que algunas de las grandes superficies existentes –erigidas contra toda lógica– estén casi desiertas, o que el pequeño comercio de proximidad haya sufrido las consecuencias de un modelo equivocado.

De este modo, mientras el Gobierno municipal trataba de salvaguardar la fragilidad del pequeño comercio autóctono frente a la invasión de los grandes templos del consumo (a los que, naturalmente, es preciso desplazarse en automóvil privado), la pinza formada por PP, PSOE y Ciudadanos se alzaba como defensora de la firma Pikolín, que en este momento está buscando la recalificación de sus 192.000 metros de superficie industrial en la carretera de Logroño, con el fin de que allí se instale un nuevo emporio comercial, dedicado a la venta de productos que nadie ha querido comprar en las tiendas.

Se acercan las elecciones generales, y no serán pocos los candidatos del PP, del PSOE y de Ciudadanos que se acerquen a los pequeños comerciantes para recabar su voto. Esperemos que los propietarios, gerentes y trabajadores de esta especie comercial en vías de extinción, les sepan dar la respuesta que merecen.

 

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