Credibilidad de geometría variable

5. mayo 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Los Presupuestos Generales del Estado para 2017 acaban de pasar su primer trámite parlamentario gracias al apoyo de PP, Ciudadanos, PNV y Coalición Canaria. Pocas cosas han cambiado en este país a pesar del 15-M, de las Mareas Ciudadanas, de dos huelgas generales y de otros tantos procesos electorales que han conducido a la caída del bipartidismo.

Y es que al régimen de Rajoy le ha bastado con sumar los votos de su partido de marca blanca, de una formación independentista y de otra nacionalista, para sacar adelante su proyecto presupuestario. Exactamente igual que se ha venido haciendo desde la Transición, excepto por lo del partido de marca blanca.

En ausencia de mayorías absolutas, el PP o el PSOE sólo han tenido que echar las redes sobre los escaños nacionalistas que necesitaban para aprobar las cuentas del Estado, y comprar la voluntad de quienes se sentaban en ellos mediante una lluvia de millones procedente de la Administración General del Estado.

Este año, las comunidades agraciadas han sido País Vasco y Canarias. Para comprar la voluntad del PNV, Rajoy sólo ha debido rebajar el cupo vasco (es decir, la cantidad que Euskadi paga al Estado por los servicios que recibe del gobierno central), aflojar 1.400 millones procedentes de discrepancias sobre los cupos de años anteriores, e invertir 3.380 millones en la finalización de las líneas de Alta Velocidad.

En el caso de Canarias, el régimen de Rajoy entregará 1.362 millones a esta comunidad autónoma (la única en la que el Estado sube su inversión este año, con un incremento del 3,2% respecto a 2016, frente a la caída media del 22,2% en el conjunto del país) y fluidificará los canales de bilateralidad.

El resto de las comunidades autónomas, cuyos diputados no son necesarios para aprobar los PGE, se quedarán soplando la cuchara.

Un Estado autonómico de geometría variable que era abiertamente denostado por los “muy españoles y mucho españoles” jerifaltes del PP cuando su partido estaba en la oposición, pero que ahora es aplaudido por ellos mismos y por su sucedáneo naranja. Algo que hace que la credibilidad del PP y de Ciudadanos sea también de geometría variable, tirando a podrida.

 

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