Cuando alguien piensa que su dios le ordena matar niños

17. diciembre 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La matanza de niños perpetrada ayer por los talibanes en un colegio de Peshawar ofrece la verdadera dimensión mental de unos fanáticos dispuestos a combatir por un dios que les ordena secuestrar, violar y/o asesinar a los niños. El fundamentalismo religioso y la lucha por el poder siempre han sido terreno abonado para este tipo de masacres, basta con mirar a la historia. Lo realmente difícil es calificar a unos individuos dispuestos a cometer estas masacres a comienzos del siglo XXI, cuando la ciencia, la cultura, la filosofía y el conocimiento hace tiempo que relativizaron el poder omnímodo del que disfrutaban en otras épocas quienes se creían representantes en la Tierra de una interminable retahíla de divinidades.

Partiendo del respeto al Derecho Humano a la libertad religiosa, es imposible imaginar un dios que ordena a sus secuaces asesinar a sangre fría a casi 150 niños en una escuela pakistaní, o secuestrar a más de 200 niñas y jóvenes en una escuela de Jibik (Nigeria) para convertirlas posteriormente en esclavas sexuales, o quemar vivos a 59 estudiantes cristianos en Buni Yadi (también en Nigeria) con el intención de proclamar la fe de los agresores como única y verdadera.

La interpretación del fenómeno religioso al que pueden aspirar estas mentes estrechas y perturbadas es la de un dios que recompensa en la otra vida una existencia terrenal plagada de miseria, injusticia y falta de horizontes vitales. Hasta el momento no se ha conocido ningún caso de terrorismo suicida entre los miembros de las multimillonarias familias que gobiernan las monarquías teocráticas del golfo Pérsico con la sharia en mano.

Por ello, a largo plazo, la única manera de acabar con los psicópatas fundamentalistas que se agrupan en torno al terrorismo de nuevo cuño, es equilibrar el reparto mundial de la riqueza para que las poblaciones de los países musulmanes disfruten de una calidad de vida digna, capaz de ahuyentar al fantasma del yihadismo.

En el corto y medio plazo, sería necesario evitar que la actividad armada de estos asesinos significara negocio para alguien. Cortar las fuentes de financiación de estas organizaciones y concienciar a los miembros de las comunidades musulmanas sobre la necesidad de delatar a las manzanas podridas que usan el nombre de su dios para cometer atrocidades, son dos líneas de actuación que deberían impulsarse de forma prioritaria.

 

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