Cuando la policía aporrea a los niños y dispara a los periodistas

16. noviembre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Algo funciona mal en un país cuando sus gobernantes desoyen el clamor del pueblo soberano, pero algo huele a podrido cuando, de forma totalmente impune, las fuerzas policiales de un Estado democrático aporrean a niños y disparan pelotas de goma a periodistas.

La agresión de los Mossos d’Esquadra a un niño de 13 años en Tarragona durante la jornada de Huelga General del miércoles (ver vídeo abajo) se saldó ayer con una explicación y un anuncio por parte del director general de la Policía del Gobierno catalán. En declaraciones a la emisora RAC 1, Manel Prat explicó que este “hecho involuntario” fue “fruto del rebote de una porra”. Al menos, el responsable político tuvo la decencia de no decir que se había tratado de un cabezazo dado por el niño contra la porra del agente, lo que seguramente le hubiera supuesto al menor una denuncia por atentado contra la autoridad. Prat anunció también la apertura de una investigación interna sobre el hecho.

Aprovechando la “investigación interna”, los mandos de la policía catalana podrían indagar también sobre los brutales empujones y los “rebotes involuntarios de porra” que estos agentes le propinan a la adolescente de 16 años que se atreve a reprocharles el porrazo sangriento que le acaban de propinar “fortuitamente” al niño de trece años. En palabras de Manel Prat, “la actuación sobre la chica justo después de la acción sobre el chico es aún más reprobable que la propia acción sobre el chico”. Quizá esto sea así porque la primera agresión no está bien grabada por las cámaras y la segunda sí. No obstante, la segunda agresión dice mucho de la primera y de cómo pudo suceder ese “rebote involuntario de porra” del que habla Prat.

Aparte del abominable hecho de que varios policías peguen a dos niños, este episodio encierra dos cuestiones preocupantes. La primera es que nada se hubiera sabido de él si no hubiera habido cámaras que lo documentaran. La segunda es que los anónimos agentes que pegaron a dos niños en Tarragona jamás deberán afrontar una causa penal, precisamente por el ilegal anonimato en el que desarrollan su labor; como mucho habrá una investigación y una sanción interna.

Un análisis similar suscita el disparo de una pelota de goma sobre el compañero de El Confidencial, Iván Gil (ver fotos abajo), tras haberse identificado éste como periodista ante los ocupantes de una furgoneta policial que patrullaba la noche del pasado miércoles por la madrileña calle de Atocha.

Diagnóstico médico: hospitalización por contusión pulmonar con crepitación debida a la obstrucción de una costilla. Diagnóstico ciudadano: un presunto delincuente anónimo y uniformado, que viajaba el pasado miércoles a bordo del vehículo de la Policía Nacional 1U–122, jamás comparecerá ante un juez a pesar de haber realizado una acción similar a la que provocó la muerte del aficionado del Athletic de Bilbao Iñigo Cabacas, después de que un ertzaina le disparase a bocajarro un pelotazo de goma el pasado 5 de abril.

Cabe destacar con letras mayúsculas que estos comportamientos policiales son absolutamente aislados y minoritarios, pero si las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no aprenden a separar las manzanas podridas de las sanas, pronto retrocederán todo lo que avanzaron tras la dictadura franquista en materia de reconciliación con el pueblo al que sirven. Seguramente, algunos responsables políticos como Felip Puig o Jorge Fernández Díaz estarán deseando que este retroceso se produzca. Al fin y al cabo, la historia ha demostrado que el neoliberalismo sólo puede imponerse por la fuerza.

Fotos: Jairo Vargas Martín

 

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