Cuando nos muerde la corrupción

1. febrero 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Cuando nos muerde la corrupción, con su dentellada repentina y dolorosa, tendemos a olvidar otros Dolores, quizá menos intensos pero mucho más persistentes y peligrosos.

La publicación ayer en El País de los papeles secretos de Bárcenas (cuya autenticidad se puede determinar con un simple análisis caligráfico, como bien sabe cualquier medio de comunicación medianamente serio), supuso un verdadero terremoto social y político en España que terminó congregando a miles de personas indignadas ante las sedes del PP que coreaban lemas como “nuestro presidente es un delincuente”, “nuestra vivienda iba en ese sobre” o “dimisión, dimisión, dimisión”.

Sin embargo, esta explosión de dolor no debe hacer olvidar a la ciudadanía que este Gobierno debe dimitir, no tanto porque algunos de sus miembros son sospechosos de haber recibido sobresueldos del Partido Popular en dinero negro, como por estar empobreciendo conscientemente a trabajadores, pensionistas y dependientes con el único fin de imponer su insostenible modelo económico neoliberal.

El daño social que provocan las políticas de austeridad, los recortes presupuestarios en servicios públicos esenciales y las medidas legislativas que devalúan derechos laborales, salarios y despidos, es infinitamente mayor (tanto desde el punto de vista cuantitativo como desde el cualitativo) que la presunta corrupción en la calle Génova.

Además, de confirmarse la existencia de ésta última, se habría producido al margen de la ley, mientras que las políticas neoliberales se propagan cada día a través de sucesivas transformaciones de la ley orientadas a hacer legal lo que antes era ilegal. Uno de los ejemplos más claros es la antidemocrática y alevosa reforma constitucional pactada y aprobada por socialistas y populares poco antes del anticipado final de la anterior legislatura.

Desde hace siglos el problema de este país no son los que roban ilegalmente, sino los que lo hacen de forma legal.

Por ello, fundamentalmente por ello, Mariano Rajoy debe abandonar su política silenciosa y comparecer cuando antes delante de la ciudadanía, bien para admitir su culpa y convocar a continuación elecciones anticipadas, o bien para negar las acusaciones publicadas y poner su inocencia o culpabilidad en manos de la evolución de los hechos, tal como hizo Ángel Acebes sosteniendo que el 11–M era obra de ETA, o José María Aznar cuando afirmó que en Irak había armas de destrucción masiva, o incluso el propio Mariano Rajoy cuando decía que la Operación Gürtel era una mentira construida por jueces prevaricadores y adversarios políticos para desprestigiar al Partido Popular.

¿Para cuándo el indulto al juez Garzón?

 

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