Cuba, Corea del Norte y el carrito del helado

18. julio 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El asunto no pasaría del mero chascarrillo si no estuviéramos hablando de armamento que, en las manos de un dictador imprevisible como Kim Jong–Un, podría convertirse en un factor de desestabilización para la península coreana, y por extensión, para el resto de Extremo Oriente.

Las autoridades panameñas han retenido en el Canal al barco norcoreano Chong Chon Gang después de que el régimen cubano escondiera entre las 10.000 toneladas de azúcar que la nave transportaba en sus bodegas, dos sistemas de antiaéreos Volga y Pechoga, dos aviones de combate MiG–21 desmontados y 15 motores de recambio para estas aeronaves. Material de guerra de última generación y perfectamente preparado para el combate,… si la guerra se produjera en los años sesenta del pasado siglo, claro.

Más allá del aspecto humorístico (que bien podría haber servido de base para una de las guerras “austrohúngaras” del genial y añorado Luis García Berlanga), lo cierto es que Panamá ha pillado a Cuba y a Corea del Norte con el carrito del helado, en medio de una transferencia de material militar que contraviene el embargo de armas establecido por el Consejo de Seguridad contra Corea del Norte en su Resolución 1718, de 14 de octubre de 2006.

Puede que algunos en Cuba piensen que los valores revolucionarios que emergieron en la isla contra la férrea dictadura de Batista (más o menos cuando se estaban fabricando las armas halladas en el Chong Chon Gang) están de alguna manera conectados con la férrea dictadura de Kim Jong–Un. Puede incluso que determinados dirigentes cubanos estimen que su país debe evolucionar hacia el régimen más totalitario del planeta en lugar de hacerlo hacia el nuevo bolivarianismo democrático que ha surgido en América Latina.

Sin embargo, piensen lo que piensen en La Habana, lo cierto es que el cargamento del Chong Chon Gang viola una Resolución del Consejo de Seguridad, un órgano cuyas decisiones deberían ser respetadas por todos aquellos gobiernos que pretendan evitar que Naciones Unidas caiga en el mismo descrédito en el que cayó la Sociedad de Naciones durante el periodo de Entreguerras.

Por ello, Cuba y Corea del Norte deben comparecer cuanto antes ante la comunidad internacional y afrontar las consecuencias que se deriven de su temeraria actitud.

 

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