De Auzsa, trabajadores concienciados y políticos desteñidos

30. marzo 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La presión del dios Mercado a través de sus monaguillos de Bruselas sirvió para destapar las debilidades ideológicas de la Syriza de Tsipras. El conflicto del autobús urbano de Zaragoza está haciendo lo propio con el gobierno municipal de Zaragoza En Común (ZEC). El tinte rojo empezó a convertirse en base amarillenta el pasado 22 de febrero cuando la concejala de Movilidad y Medio Ambiente, Teresa Artigas, recurrió al argumento pequeñoburgués de que esta huelga “mantenía rehén” a la ciudadanía.

Quizá fue la flaqueza ideológica de Artigas la que le impidió comprender la burrada que estaba pronunciando, ya que, si cualquier conflicto laboral en el ámbito de los servicios públicos “mantiene rehén” a la ciudadanía (a pesar del establecimiento de servicios mínimos), lo lógico sería suprimir el derecho a la huelga en este sector, con el fin de impedir semejante secuestro.

La cosa empeoró en la llamada “Carta abierta a la plantilla de Auzsa: el referéndum es una oportunidad de salida al conflicto”, que el pasado lunes publicaron la propia Teresa Artigas, y el consejero municipal de Servicios Públicos y Personal, Alberto Cubero.

Para salvaguardar su imagen de buenos gestores de esta ciudad, Artigas y Cubero afirman en un mismo escrito que las demandas de los trabajadores y trabajadoras de Auzsa son “totalmente justas y legítimas”, que éstas deben sustanciarse con cargo a los “suficientes beneficios de la multinacional mexicana”, aunque “el daño económico que la huelga supone para la empresa es muy inferior al coste que para la empresa supondría ceder en las demandas laborales”, por lo que rechazar el último preacuerdo propuesto al alimón por empresa y Ayuntamiento “implicaría alargar un conflicto con un enorme coste social y económico para la plantilla sin prácticamente ninguna perspectiva de que la continuación de la huelga sirva para mejorar lo conquistado hasta ahora” (que como los propios Artigas y Cubero reconocen, sólo implica “recuperar una parte de los derechos perdidos”).

Fin de la historia. La banca gana. Lo dice la “izquierda radical” zaragozana.

¿Qué deben hacer entonces, señores Artigas y Cubero, los trabajadores y trabajadoras de Auzsa? Según su escrito, ni más ni menos que aceptar unas perrillas y deponer toda movilización laboral para que el gobierno minoritario de ZEC pueda ponerse la medalla de haber resuelto el conflicto.

Atrás quedan las promesas electorales de “estudiar la remunicipalización de servicios públicos estratégicos”, puesto que como dice la propia carta abierta de Artigas y Cubero, “la remunicipalización inmediata o el secuestro de la contrata” son “dos demandas totalmente alejadas de la realidad”, aunque esta empresa concesionaria, ampliamente mimada por los sucesivos gobiernos municipales, haya demostrado de sobra su incapacidad para dar un buen trato a sus trabajadores, y para prestar un buen servicio a la ciudadanía.

Se nos olvida ahora que los largos tiempos de espera en las paradas y los autobuses llenos que pasan de largo, no son patrimonio exclusivo de la huelga, sino que forman parte del paisaje que Auzsa-Tuzsa ha ido pintando desde hace años sobre el lienzo de esta ciudad.

En cualquier caso, queda claro que la plantilla de Auzsa ha rechazado en referéndum una propuesta empresario-municipal a todas luces insuficiente, ya que si bien recogía ciertas mejoras económicas, no incluía compromisos concretos como la instalación de aseos en todos los finales de línea, o la revisión de los cuadros de marchas para prestar un servicio no basado en el beneficio económico sino en el interés general de la ciudadanía (que es lo que desde hace décadas defienden los trabajadores y trabajadoras de Auzsa-Tuzsa).

Sólo queda por saber del lado de quién se va a posicionar a partir de ahora el gobierno municipal de ZEC. Para ello, deberían tener en cuenta una circunstancia: si cuando gobiernan la derecha o la izquierda moderada, las instituciones se posicionan abiertamente al lado de los grandes empresarios, y cuando gobierna “la izquierda radical”, las instituciones se colocan en el centro, algo se está desequilibrando en este país.

 

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