De piojos, ratas y supremacistas

15. enero 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Por extraño que pueda parecer, el PP ha decidido mantener a Celia Villalobos como miembro de la Mesa del Congreso en la XI Legislatura. Ni la exuberancia verbal de la que ha hecho gala esta diputada durante su ya dilatado ejercicio institucional (y que tuvo puntos culminantes, por ejemplo, cuando llamó “tontitos” a las personas discapacitadas, cuando calificó como “fascista” a José Bono por reprocharle esa expresión, o cuando dijo de su chófer y sus escoltas que “no son más tontos porque no se entrenan”), ni tampoco el escándalo que se formó cuando fue pillada jugando al Candy Crush Saga en el escaño del presidente del Congreso, han sido tenidos en cuenta por la dirección del PP para sopesar un relevo generacional en las listas de Málaga.

Merced a este continuismo, ha sido posible otro arranque lingüístico-racial marca Villalobos. Al ser preguntada ayer en TVE por el aspecto de algunos de los nuevos diputados del hemiciclo, la sandunguera representante popular sólo acertó a decir lo siguiente: “A mí me da igual que lleven rastas, pero que las lleven limpias para no pegarme los piojos”.

Si en lugar de estar obsesionada por los hipotéticos piojos de Podemos, Villalobos hubiera estado más pendiente de las verosímiles ratas que han corroído la credibilidad de su partido a lo largo de los últimos treinta años, quizá hoy no habría decenas de excargos públicos del PP sentados en el banquillo de los acusados.

Denostar a alguien por su vestimenta o su aspecto externo, es un vicio muy común entre los supremacistas del estilo que subliman un traje y una corbata hasta convertirlos en pasaporte hacia la honestidad.

De esta visión supremacista participa también otro de los correligionarios de Villalobos: el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, que en virtud de su cargo, es el responsable último del vergonzoso cacheo sufrido por la vicealcaldesa de Madrid, Rita Maestre, y por el portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid, José Manuel López, cuando este miércoles intentaban acceder a la tribuna de invitados del Congreso.

¿Maestre y López representaban una amenaza, o simplemente fueron cacheados por no pertenecer al “club” que lleva gobernando España desde la época de los Reyes Católicos? ¿Se trata de una actuación policial arbitraria como la que llevó a la detención de un maestro en Zaragoza por llevar la camiseta de la Marea Verde en el mismo edificio público donde intervenía la consejera de Educación, o de una activista aragonesa de las Marchas de la Dignidad del 22-M por ejercer pacíficamente su derecho de reunión, y para la cual la Fiscalía pide hoy la misma pena que para Rodrigo Rato?

Elitismo, incultura gubernamental y represión selectiva son tres elementos característicos de los regímenes autoritarios. Sería bueno que surgieran voces en el PP contra esta deriva antidemocrática.

 

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