Decisiones retrógradas

30. abril 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Todo parece indicar que la sociedad occidental se encamina hacia una etapa regresiva, en lo que respecta a derechos sociales, cuestiones morales y libertades públicas. Así, mientras los más casposos beatifican a una mujer norteamericana que agrede a su hijo en plena calle al tiempo que le recrimina su participación en las protestas contra el racismo policial, en Luxemburgo y en Zaragoza se producen dos perfectos ejemplos de decisiones institucionales retrógradas.

Por un lado, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha decidido que es legal discriminar a los homosexuales como donantes de sangre, siempre que se demuestre que están en riesgo de contraer “enfermedades infecciosas graves, como el VIH”, y en el caso de que no existan en su país “técnicas eficaces para garantizar un alto nivel de protección de la salud de los receptores”.

De este modo, el TJUE ejecuta un arte de birlibirloque para equiparar homosexualidad y prácticas sexuales de riesgo, ignorando el hecho de que la mayor parte de los contagios de SIDA que se producen actualmente, es consecuencia de relaciones heterosexuales. Sin embargo, lo verdaderamente desolador es que sea Francia, el país que inspiró el lema “Libertad, Igualdad, Fraternidad” sobre la base de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el lugar en el que hoy se prohíbe por ley que los homosexuales puedan donar su sangre.

Por otro lado, y por si la implantación del grado de Magisterio en la zaragozana Universidad de San Jorge no fuera ya suficientemente polémica, acaba de saberse que esta institución académica privada y católica exigirá a los futuros profesores de la materia una Declaración Eclesiástica de Competencia Académica.

Así pues, sólo las personas que decida el Obispado de Zaragoza podrán impartir clases de Magisterio en la USJ, una decisión que viola flagrantemente los principios constitucionales de no discriminación y de aconfesionalidad del Estado.

Vuelven a la actualidad aquellas palabras pronunciadas por el todavía ministro García-Margallo en el sentido de que la Constitución Española sólo tiene dos artículos, la soberanía nacional y la unidad de la patria, y que el resto es sólo “literatura”. De ahí a la Europa de la Restauración y de la Santa Alianza, hay sólo medio paso.

 

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