Demócratas de baja intensidad

3. noviembre 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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Una Santa Alianza de políticos, tertulianos, creadores de opinión, empresarios, banqueros y otros especímenes similares, se conjuró ayer para demonizar al primer ministro griego Yorgos Papandreu por haber convocado un referéndum sobre el segundo paquete medidas antisociales preparado para su país.

 

Quizá la opinión más llamativa (por relevante, pero sobre todo, por estúpida) fue la del secretario de Estado para la Unión Europea, Diego López Garrido, que ante los micrófonos de Radio Nacional de España declaraba que los referéndums provocan “una situación incierta”, que “en Europa, lo menos que hace falta es incertidumbre”, y que “la gente, cuando acude a un referéndum, tiene que ser por razones de largo alcance, por reformas constitucionales”.

 

Gracias a estas declaraciones, este preboste socialista (que pasó buena parte de los años 90 intentando reventar Izquierda Unida desde dentro) no sólo demostró su aversión por la democracia como concepto, sino que pasó por alto el pequeño detalle de que la reforma constitucional de carácter neoliberal que su partido acaba de pactar con el PP para limitar el déficit público, no ha sido culminada con una consulta popular, por la simple voluntad en este sentido de socialistas y populares.

 

Hay que viajar muy atrás en la historia para encontrar una generación de gobernantes que menos consideración otorgasen a la voluntad del pueblo soberano, y que menos intención tuviesen de conocerla, y por supuesto, de obedecerla.

 

Quienes cuestionen, por unas u otras razones, la convocatoria del referéndum en Grecia, deberían quitarse inmediatamente la escarapela de demócratas para colocarse otra que expresara su voluntad de obedecer ciegamente al dios Mercado.

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