Desagravio histórico

11. febrero 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Seguramente, algunos afirmarán que la nueva política del gobierno de Rajoy orientada a otorgar la nacionalidad española a los descendientes de los judíos sefarditas sin que éstos pierdan la suya propia, casa mejor con el utilitarismo que con el sentimentalismo. No serán pocos quienes piensen que España busca con este gesto mejorar sus relaciones con el Estado de Israel, y que los sefardíes que se acojan a la medida tan solo pretenden acceder a un pasaporte de la Unión Europea.

Cada cual tendrá sus razones, pero lo que resulta innegable es que esta decisión gubernamental constituye un desagravio histórico hacia quienes hace 522 años debieron abandonar su casa, su tierra, su paisaje, su cultura y su país, sólo por la circunstancia de profesar una religión distinta a la oficial en los territorios de las recién fundidas coronas de Aragón y de Castilla.

Discriminación, racismo, intolerancia, injusticia y fundamentalismo catolicista se aliaron en el Edicto de Granada para dar lugar a uno de los episodios más empobrecedores de la historia de nuestro país, desde el punto de vista social, cultural y económico. Judíos y moros fueron en aquel momento las víctimas de una decisión política que, de producirse hoy, nos parecería aberrantemente monstruosa.

Justo es, pues, que 522 años después comience a repararse el agravio sufrido por quienes lo perdieron todo, sólo por profesar una religión distinta a la de la mayoría de sus compatriotas.

 

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