Desarmes y “escenificaciones”

10. abril 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Parece que la clase política “de orden” y los principales grupos mediáticos del país comparten el mismo argumentario. El pasado sábado, al hablar del desarme de ETA, hubo una palabra que se repitió hasta la náusea: “escenificación”.

En el terreno periodístico, fueron especialmente bochornosos los informativos de Televisión Española, una cadena pública que, a pesar de la minoría parlamentaria del PP, cada vez es menos del país y más del gobierno.

En el terreno político, la comparecencia del incompetente ministro del Interior español, José Ignacio Zoido, resume “prefetamente” (como él mismo diría) la insolvencia política de buena parte de nuestros representantes; sobre todo, si comparamos sus declaraciones con las de su homólogo francés, Matthias Fekl, que el sábado declaraba que la entrega de armas por parte de ETA era “un gran paso”.

A nadie del gobierno, ni del partido en el gobierno, ni de los que apoyaron la investidura del partido en el gobierno, se le ocurrió decir que el desarme de esta banda terrorista era “un gran paso”. Bien al contrario, tanto Moncloa como los grandes medios creadores de opinión, solo acertaron a hablar de la “escenificación” organizada por ETA.

Cuando ETA asesinaba, se le pedía que dejara de matar; cuando dejó de matar, se le exigía que entregara las armas; cuando entregó las armas, se le reclamaba la disolución; y cuando ETA se disuelva ¿qué le pedirán entonces? ¿Quizá las mismas cuentas y el mismo “perdón” que le exigieron a los terroristas del Estado franquista, autor de –al menos– 116.000 asesinatos políticos?

Hasta este momento, lo único cierto es que el terrorismo etarra ya no existe, y que en ese camino de la normalización, sólo ha dado pasos políticos el tenebroso mundo abertzale. Y con ello no decimos que los representantes del Estado tengan que ofrecer contrapartida política o judicial alguna a quienes unilateralmente deciden abandonar la lucha armada, pero al menos, sí que deberían alegrarse de que lo hagan, en lugar de mantener el ceño fruncido, como si la entrega de armas les molestara.

No es incompatible honrar a las víctimas y despreciar a sus asesinos, con reconocer que la entrega de armas por parte de ETA es “un gran paso”, como afirmó el ministro del Interior francés. Al fin y al cabo, es motivo de alegría que este país (con sus fuerzas policiales a la cabeza) haya conseguido acabar con una organización terrorista, sin ni siquiera haber tenido que echar mano de la “generosidad”, la “mano tendida” y el “espíritu abierto” que preconizaba José María Aznar en 1999, tras autorizar contactos con lo que él denominó “Movimiento Vasco de Liberación”.

 

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