Desigualdad y colapso

24. septiembre 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Una vez más se ha demostrado que los economistas de la escuela neoliberal comienzan a intuir los acontecimientos económicos dos meses después de que éstos se hayan producido. Así, mientras los partidarios de otras escuelas alternativas del pensamiento económico llevan años advirtiendo de que el austericidio y el recorte de los salarios directos, indirectos y diferidos, sólo producen un estrangulamiento de la economía que impide que ésta pueda recuperarse, los apóstoles de la verdad neoliberal siguen empeñados en conducirnos hacia el abismo.

Ayer conocimos que uno de cada diez zaragozanos carece de la renta necesaria para pagar el recibo de la luz, por lo que las ayudas públicas que el Ayuntamiento ofrece a los ciudadanos para hacer frente a estas facturas han aumentado un 108% entre 2012 y 2013.

Hoy hemos conocido que el último boletín del Banco de España advierte de que en el tercer trimestre del año el “comportamiento algo menos expansivo de la demanda privada” está produciendo “cierta moderación de la creación de empleo en julio y agosto, con respecto al dinamismo observado en la primera mitad del año”. Dicho de otro modo, los salarios de miseria que hoy se están pagando a las pocas personas que tienen la “suerte” de encontrar un “infraempleo” son incapaces de relanzar el consumo, por lo que si no hay consumo no hay producción, y sin producción no hay creación de empleo, y si no hay creación de empleo no hay consumo, y vuelve a girar la rueda hasta el completo colapso del sistema.

El primer tercio del siglo XX fue la época en la que el mundo industrializado padeció una versión ultraliberal del capitalismo. Se generaron enormes desigualdades económicas entre las clases sociales. Además de la desintegración del sistema, el experimento se zanjó con una guerra mundial en la que murieron más de 60 millones de personas, entre las que -curiosamente- no se encontraban miembros de las familias oligárquicas que habían provocado el desastre a través de políticas muy similares a las que ahora imponen los cachorros de Milton Friedman.

Ante estos hechos, y conociendo cómo ha evolucionado la historia en situaciones similares, el dilema de la ciudadanía consiste en seguir apoyando a unos gobernantes ineptos que un día dicen que hay que bajar los salarios y al otro afirman que no hay que bajarlos, o por el contrario, en decantarse a favor de aquellas opciones políticas alternativas que siempre advirtieron, tanto en la calle como en las instituciones, que el camino que se estaba tomando era el camino equivocado.

 

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