Desoigamos al FMI

20. junio 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Rebajar los salarios para las nuevas contrataciones o anular la negociación colectiva (incumpliendo, por cierto, el artículo 37 de la Constitución Española) son dos de los deberes que ayer impuso el Fondo Monetario Internacional a nuestro país para salir de la crisis. Lo irónico es que el FMI divulgaba estos mandatos tan sólo unos días después de haber reconocido públicamente que otros mandatos semejantes habían contribuido a empeorar la situación económica de Grecia.

Para solucionar esta flagrante contradicción, el FMI recurrió ayer al birlibirloque: con el fin de no asfixiar la demanda interna (como ha ocurrido en Grecia), se concede más tiempo al régimen de Rajoy para acabar con el déficit público, a cambio de estrangular un poco más los derechos laborales y los niveles salariales de la clase trabajadora.

En su propósito de equiparar la realidad laboral española con la existente en los paraísos de la semiesclavitud, el Fondo Monetario Internacional dejó claro ayer que algún día habrá empleo en este país, pero que será empleo sin derechos y sin apenas salario. Y es que en su manual para superar las crisis provocadas por ellos mismos, este atajo de “analistas” olvidó mencionar propuestas realmente efectivas como el incremento de la progresividad fiscal, el aumento de la protección social o la lucha contra la evasión de impuestos hacia otro tipo de paraísos terrenales.

En su informe sobre España, el FMI se atrevía incluso a argumentar, negro sobre blanco, que la crisis no ha reducido los salarios en España, sino que lo que ha hecho es disminuir el número de puestos de trabajo. Por lo tanto, lo que prescribe la ideología neoliberal para estos casos es promover la moderación salarial con el fin de que se pueda crear empleo. Sin embargo, el FMI escondió en la manga un dato importante: según el Informe Anual sobre la riqueza en el mundo (publicado por Capgemini y RBC Wealth Management), cuando en 2008 comenzó la crisis, el número de ricos en España era de 127.100. En 2012 este selecto grupo estaba formado por 144.600 personas.

La clave no está, pues, en que España rebaje todavía más unos salarios que siempre estuvieron entre los más bajos de la Eurozona, sino en determinar qué porción de la tarta se come la clase empresarial y qué parte queda para la clase trabajadora.

La ruptura unilateral de todos los equilibrios sociales anteriores por parte de la clase empresarial española, unida a la ausencia de un modelo de desarrollo económico para nuestro país, nos ha traído a la situación en la que nos encontramos. En el punto al que hemos llegado, la cuestión es simple: ¿por qué seguimos obedeciendo los mandatos de unos “analistas” internacionales cuya única misión es conseguir que los ricos sean cada vez más ricos?

 

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