Desprestigio sindical

15. febrero 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Cuatro meses después de la Huelga General contra la política económica que estaba desarrollando el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, y cuando la tasa de desempleo era del 20,33%, UGT y CCOO firmaban con el Gobierno y la patronal un pacto llamado “Acuerdo Social y Económico”, en virtud del cual se prolongaba la edad de jubilación en España.

En aquel momento, ya preveíamos en este mismo espacio que ese instrumento no iba a servir para lograr la recuperación económica del país, ya que sólo buscaba dos objetivos: abaratar las pensiones y conseguir que los dos principales sindicatos del país se desprestigiasen todavía más ante su base social. Dos años después, la edad de jubilación se ha empezado a prolongar, la tasa de desempleo es del 26,02%, y ya casi nadie recuerda aquel pomposo “Acuerdo Social y Económico”.

Desde entonces ha habido un cambio de gobierno y dos Huelgas Generales convocadas por UGT y CCOO contra la política económica del régimen de Rajoy. De la última de ellas se cumplían ayer tres meses. Quienes voluntariamente decidieron invertir un día de jornal para rechazar las canallescas medidas económicas impulsadas desde La Moncloa, no han visto desde entonces ningún resultado favorable a sus intereses, quizá por la cerrazón de los gobernantes del PP, quizá por la falta de impulso combativo de los dos principales sindicatos españoles.

A quienes sí vieron ayer fue a los secretarios generales de UGT y de CCOO pactando con el Gobierno y con la patronal (es decir, con quienes alimentan ideológicamente cada día el golpe de Estado económico en el que nos encontramos) un nuevo acuerdo, que esta vez lleva por título “Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven 2013–2016”.

Entre sus propósitos figura invertir 3.485 millones de euros durante los próximos cuatro años para, entre otras cosas, estimular la contratación de los jóvenes por parte de los empresarios, devolver a las aulas a los jóvenes desempleados que abandonaron su formación (lo que automáticamente reducirá el número de parados jóvenes en España), favorecer el empleo por cuenta propia, y sobre todo, ofrecer cursos de formación laboral.

Llama la atención que este último punto es el negocio a través del cual patronal y sindicatos mayoritarios han estado picoteando dinero público durante las últimas décadas, obteniendo como brillante resultado una tasa de desempleo juvenil del 52%.

¿La formación laboral ofrecida por los agentes sociales a lo largo de los últimos años no era buena, o acaso sí lo era pero no es tenida en cuenta a la hora de que un empresario contrate a un joven parado? ¿Para qué necesita el Estado acordar medidas de formación laboral con patronal y sindicatos cuando está dentro de sus competencias abordarla de forma autónoma? Y sobre todo, ¿el agua que estaba ayer sobre la mesa en la que se rubricó el pacto era agua de Vichy?

En cualquier caso, el triste episodio de ayer desprestigia todavía más a unas cúpulas sindicales que, al parecer, todavía no se han dado cuenta de que cada vez conectan menos con los trabajadores y trabajadoras a los que dicen representar. Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo vendieron la firma de UGT y CCOO muy barata (o quizá no tanto), ya que en un momento como el actual, cualquier negociación parcial debería haber venido precedida por la exigencia de que se deroguen todas las medidas antisociales que ahora Rajoy y antes Rodríguez Zapatero impulsaron al dictado de la patronal y de los grandes poderes económicos.

Para adaptarse a los nuevos tiempos, ambas centrales sindicales necesitan una renovación orgánica e ideológica profunda y urgente que debe comenzar, evidentemente, por la dimisión de Méndez, de Toxo y de todos los demás dirigentes de UGT y CCOO que participan de la idea de que los derechos sociales pueden ser moneda de cambio en una negociación macroeconómica que siempre acaba perjudicando a los mismos.

 

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