Dogmatismo en Zaragoza

6. mayo 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Dice Emilio Lledó, profesor de Filosofía, académico de la Lengua y premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2015 que “lo grave, lo monstruoso, es el ignorante, el imbécil con poder, porque puede hacer cosas fuera de su ámbito personal”. En una reciente conversación con el diario Público afirma también estar muy preocupado por “la ignorancia desde la que se legisla”.

La ignorancia de los políticos es un indicio de debilidad democrática. El sistema se degrada incentivando la llegada al poder de los mediocres, puesto que las inteligentes y honestas no suelen tener cabida en los centros de decisión de los partidos.

Hace unos días analizábamos en este mismo espacio el poder de la ignorancia, cuando la ignorancia llega al poder.

Hoy nos vemos obligados a insistir con el tema y con el protagonista que motivó aquel editorial. Y es que el consejero de Servicios Públicos del Ayuntamiento de Zaragoza, Alberto Cubero, ha vuelto a equivocarse gravemente al analizar la profunda transformación urbana que Zaragoza experimentó en 2008.

Ayer se conocía la noticia de que el Tribunal Supremo había decidido elevar de 2,3 a 9,6 millones el dinero que el Ayuntamiento de Zaragoza debe abonar a los propietarios del Club Tiro Pichón por la expropiación de la franja de terreno necesaria para construir una vía pública peatonal en la ribera derecha del Ebro.

Cubero aprovechó esta circunstancia para volver a cargar contra la Expo en las redes sociales, a través de afirmaciones como “la Expo de 2008 todavía sigue trayendo nuevos y millonarios costes económicos para los vecinos de Zaragoza”, “en aquellos años todo valía, al banquete especulativo fueron invitados constructores y grandes empresas”, o su ya recurrente “cientos de millones de euros despilfarrados en aquel evento”.

Afirmaciones que lo único que evidencian en la profunda ignorancia de alguien que sustituye la razón por la ignorancia, ora para criticar la Expo, ora para acusar a la plantilla de Auzsa de hacer huelga contra el Ayuntamiento y no contra su empresa.

Quizá el señor Cubero prefiera que las riberas del Ebro fueran el estercolero privado que eran antes de que en 2008 se transformaran en el magnífico paseo ribereño peatonal y público que son ahora. Quizá al señor Cubero le guste más lo privado que lo público. Quizá el señor Cubero desconozca que la diferencia entre lo uno y lo otro es el dinero público que hace falta para reconvertir espacios privados en lugares públicos para el uso y disfrute de toda la ciudadanía.

Quizá al señor Cubero le haya pasado desapercibida la aberración jurídica que supone el hecho de que un club privado “posea” una franja de terreno situada en “dominio público hidráulico” (es decir, en plena zona inundable), y que el Tribunal Supremo decida ahora que hay que pagársela a precio de zona edificable. Quizá para el señor Cubero sea irrelevante la ausencia del abogado del Estado en la causa sustanciada en el Supremo contra el Ayuntamiento de Zaragoza.

Pero lo que es seguro es que el señor Cubero no tiene ni puta idea de las cifras ni de los procedimientos administrativos de Expo Zaragoza 2008, una laguna intelectual que jamás debería permitirse un cargo público, y mucho menos, si éste ejerce responsabilidades de gobierno.

Por no repetir las informaciones que dábamos en nuestro editorial “El poder de la ignorancia”, sólo diremos ahora que la Expo fue la excusa necesaria para que Zaragoza tuviera sus riberas adecentadas, su estación de autobuses, sus cinturones de circunvalación, su primera línea de cercanías, sus vías soterradas, su aeropuerto modernizado, su Parque del Agua “Luis Buñuel” con las correspondientes motas anticrecida, su corredor verde, sus carriles bici, o su Palacio de Congresos, además de otras 70 actuaciones urbanísticas por toda la ciudad.

Pero además, eso que Cubero llama el “banquete especulativo” es en realidad una de las pocas transformaciones urbanísticas acontecidas recientemente en nuestro país que se ha librado de la mancha de la corrupción, tanto por la transparencia con la que fueron adjudicadas las actuaciones, como por el quíntuple control administrativo al que fueron sometidas las cuentas.

Según el Diccionario de la RAE, la actitud de quienes pretenden que su doctrina o sus afirmaciones sean tenidas por verdades indiscutibles se llama “dogmatismo”. Si Cubero no es capaz de aportar números y pruebas que demuestren sus demagógicas afirmaciones sobre la Expo, sólo cabría concluir que el dogmatismo está presente en el Gobierno municipal de Zaragoza.

 

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