Economía y plutología

6. noviembre 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Dice la economista Marta Martínez Matute en el blog Moneda Rota que a finales del siglo XIX hubo un debate académico acerca del nombre que se le debía dar a la Economía Política para diferenciarla de la Economía Doméstica, ámbito más acorde con el significado etimológico del término “economía” (oikós nomós: “administración del hogar”).

Una de las palabras que se propuso fue “plutología”, es decir, “estudio de la riqueza”. Aunque finalmente estos cambios terminológicos quedaron descartados y la “economía” se siguió llamando “economía”, resulta indudable que el término “plutología” sería mucho más acorde con la actividad de la mayoría de las personas que hoy se dedican a esta disciplina, no sólo porque la democracia esté siendo sustituida por la plutocracia como forma de gobierno, sino porque la ideología económica dominante establece que toda la actividad institucional debe estar orientada a incrementar las fortunas de los más ricos, independientemente de otros elementos como la correcta “administración del hogar” colectivo en el que vivimos, ya sea éste de escala planetaria, regional, nacional o local.

De hecho los caóticos, contradictorios y cortoplacistas mensajes lanzados durante los últimos años por algunas de las principales instituciones económicas supranacionales como el FMI o la OCDE, dejan al descubierto un alarmante déficit de atención hacia la sostenibilidad del sistema, y una inquebrantable apuesta por servir a los intereses particulares de los principales trileros de la macroeconomía.

El FMI, por ejemplo, afirma un día que hay que bajar los salarios en las economías avanzadas, y al día siguiente, que no hay que bajarlos. La OCDE, que siempre se ha distinguido por su respaldo a los ajustes antisociales impuestos en el seno de la Unión Europea, dice ahora que, ante el catastrófico efecto que éstos están provocando sobre la demanda interna en las principales economías de la Eurozona, el Banco Central Europeo debe comprar deuda pública de los países más afectados, algo que era tachado de herejía cinco minutos antes de la formulación de la propuesta (y que, en modo alguno, resuelve el problema de base).

En cualquier caso, el pueblo soberano tiene a su alcance dos recursos para conseguir que la economía se imponga a la plutología: la calle y las urnas. De hecho, la simple noticia de que el Barómetro del CIS coloca a Podemos como primera fuerza política de España en intención de voto directo, hizo que ayer Ana Patricia Botín, la séptima persona más rica de nuestro país, declarase en Bruselas que “no importa en qué lado estés o para quién trabajes; todos tenemos un interés común: lograr un crecimiento sostenible y que llegue a todos”.

Inaudito: la presidenta del Banco Santander hablando de conceptos como el crecimiento sostenible, el interés general o la redistribución de la riqueza; conceptos que en su día fueron aportados por la izquierda al articulado de la Constitución Española, y que hace un año eran calificados como simple “literatura” por el ministro español de Exteriores, José Manuel García-Margallo ¡Y sólo con el resultado de una encuesta!

 

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