Ectoplasma Rajoy

3. abril 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El jefe del régimen español comparece hoy ante la prensa como les gusta comparecer a quienes ejercen gobiernos autoritarios: sin preguntas, y a ser posible, sin presencia. Su mandato es vertical, imperativo, incuestionable, por lo que no conviene crear oportunidades para que la realidad desmonte una gestión plagada de errores. Tras la reunión de la Junta Directiva del PP, Mariano Rajoy se aparecerá a los periodistas dentro de una pantalla de plasma, impidiendo las Posibles Preguntas de la prensa, que son al fin y al cabo, las preguntas del pueblo.

Y es que a los gobernantes autoritarios no les importan las preguntas del pueblo, como tampoco les importa su bienestar o la calidad de su futuro. Los gobernantes autoritarios empiezan por no responder las preguntas de la prensa y terminan por incumplir todos sus compromisos electorales. O quizá sea al revés.

Lo cierto es que el Rajoy de plasma parece acongojado por realidades como la alarmante pérdida de renta en los hogares españoles, como los casos de corrupción política, como el fracaso de su gobierno a la hora de cumplir los objetivos de consolidación fiscal exigidos por el dios Mercado (a pesar de los brutales recortes introducidos en la vida de los españoles), como casi 400.000 familias expulsadas de sus viviendas durante los últimos cuatro años, o como la vergonzosa transferencia a la banca del dinero público que debería dedicarse a mantener la calidad que hace apenas tres años acreditaban algunos servicios estatales como los de sanidad o educación.

Hoy Rajoy, más que el presidente de gobierno de un país democrático, será un ectoplasma (del griego “ectos”, fuera; y “plasma”, formación) ya que su régimen se ha convertido en una especie de formación intangible que pulula por el exterior de la ciudadanía esperando el momento adecuado para sorprenderla con una nueva devaluación de sus derechos sociales, de sus salarios, de sus condiciones laborales, o simplemente, de su dignidad.

Si esta dignidad se diera en los directivos de los todos los medios de comunicación, el eco del ectoplasma Rajoy resonaría hoy en el vacío ya que no ordenarían a ningún periodista cubrir semejante esperpento. Por supuesto, este diario no trasladará a sus lectores y lectoras ni una sola palabra del monólogo plasmático del que ya es, sin duda, el presidente del gobierno más flojo de la historia de España.

 

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