Egipto: cuando el futuro es el pasado

24. junio 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Hace casi un año, cuando el pronunciamiento encabezado por el entonces general Abdelfatah Al–Sisi derrocó al fundamentalista Mohamed Mursi como primer presidente democráticamente elegido en Egipto, decíamos en este mismo espacio que “la legitimidad democrática no basta como argumento de autoridad cuando ésta se utiliza para menoscabar la Declaración Universal de los Derechos Humanos”.

Mursi no estaba utilizando el poder para buscar el progreso y el bienestar de sus habitantes, sino para asentar en el país estructuras medievales propias del fundamentalismo islámico. Por ello, en aquella ocasión decíamos que “el futuro de Egipto pasa necesariamente por una separación entre religión y Estado, y por un verdadero proceso de democratización del país que compatibilice el ejercicio del poder obtenido en las urnas con el respeto gubernamental hacia todos los Derechos Humanos”.

Así pues, en un país culturalmente atrasado, en el que más de la mitad de la población apuesta por abrazar doctrinas arcaicas y contrarias a los Derechos Humanos, la función de los gobernantes consiste en crear las condiciones necesarias para que el ejercicio de la democracia no colisione con éstos.

Y en esa tarea está fracasando el nuevo gobierno de Al–Sisi. Las masivas condenas a muerte dictadas contra cientos de activistas de Hermanos Musulmanes, y las penas de siete a diez años de prisión para tres periodistas de Al–Yazira por ejercer su labor como profesionales de la información, suponen una gran decepción para quienes deseábamos un futuro libre, humanista y democrático para Egipto.

En este sentido, el gobierno de Al–Sisi es tan nefasto como el de Mursi. Parece que el futuro del país norteafricano pasa por la repetición de su pasado, mientras los actuales gobernantes son jaleados por los mismos que mataron a José Couso y a Taras Protsyuk, días después de haber bombardeado la sede de Al–Yazira en Bagdad.

 

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