El 15M, cinco años después

13. mayo 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El hechizo del bipartidismo comenzaba a resquebrajarse. La izquierda sociológica de este país había elegido en 2004 y 2008 a Rodríguez Zapatero para que “no les fallase” tras los ocho años ominosos de Aznar en La Moncloa. Pero ZP-no-os-fallaré, falló. El 12 de mayo de 2010 se arrodilló ante el dios Mercado, abolió la socialdemocracia por decreto, y acudió al Congreso con un paquete de recortes y medidas antisociales no incluidas en su programa electoral.

Un día después, publicábamos en este mismo espacio un editorial que hoy cumple seis años de hemeroteca. Decíamos, entre otras cosas, que se había acabado la democracia en España porque “por encima de los partidos políticos, por encima de las instituciones, por encima de los gobernantes, existen unas entidades amorfas e impersonales llamadas ‘los mercados’ cuyos intereses priman sobre los de los pueblos soberanos. Dicho en pocas palabras: vote lo que vote la ciudadanía, se van a acabar aplicando las mismas políticas económicas ¿Para qué necesitamos entonces a los políticos?”.

La sociedad española quedó entumecida y confusa ante aquel atropello. Los dos grandes sindicatos, resortes reivindicativos de otras épocas, sufrían sobrepeso de subvención y moqueta, lo que les restaba la credibilidad necesaria para encabezar la lucha por la justicia social. Tras muchas presiones, y con los pies a rastras, sólo fueron capaces de convocar una huelguita general para el 29 de septiembre de 2010, sin posteriores consecuencias. De hecho, ZP-no-os-fallaré no sólo no cambió de política económica, sino que dos meses después convocaba en Moncloa a los 37 principales empresarios del país para que le dictaran qué medidas querían ver aprobadas en el BOE.

Cuando todavía no había pasado una semana de aquel episodio de democracia orgánica, el Consejo de Ministros aprobaba otro paquete de medidas neoliberales sobre la base de las “sugerencias” realizadas por los mencionados magnates.

La sociedad española se dio cuenta de que era ella misma la que tenía que tomar las riendas de una democracia que comenzaba a convertirse en tiranía. Ni los partidos políticos, ni los sindicatos, ni los poderes institucionales iban a invertir esta deriva. Además, se incorporaba a la política la primera generación de españoles que había podido crecer en democracia.

Así las cosas, desde principios de 2011 un grupo de ciudadanas y ciudadanos anónimos, agrupados en torno a la plataforma Democracia Real YA!,comenzaron a organizar a través de las redes sociales una convocatoria de movilización en 57 ciudades de todo el Estado, simplemente para reclamar lo que está escrito en nuestra Constitución: democracia y derechos sociales.

La tradición conformista del pueblo español no invitaba a ser demasiado optimista respecto al éxito de esta convocatoria. Sin embargo, la tarde del domingo 15 de mayo de 2011, la indignación tomó las calles y las plazas de nuestro país, en una jornada histórica que ocupó las aperturas de los informativos de medio mundo.

Pero esa vieja “mayoría silenciosa” de la que a veces alardea Mariano Rajoy, sigue resistiéndose a abandonar el caciquismo decimonónico. Seis meses después de aquella manifestación eminentemente ciudadana, el Partido Popular ganaba las elecciones por mayoría absoluta, mientras buena parte del electorado socialista se quedaba en el sofá, incapaz de dar su voto a otras opciones de la izquierda más comprometidas con la democracia y la justicia social. Electorado que, tiempo después, ha encontrado en Podemos un referente acorde con sus escasas exigencias ideológicas.

En cualquier caso, el 15M español fue tan intenso y murió tan pronto que ya se ha transformado en un mito de la lucha por la democracia real, cuando la democracia institucional comienza a prostituirse a los intereses de los grandes poderes económicos. El próximo domingo se cumplirán cinco años del día en el que buena parte de los demócratas españoles salieron a las calles para frenar las aspiraciones de los neoliberales disfrazados de demócratas.

Independientemente de quienes se quieran atribuir hoy las paternidades o las herencias del 15M (o incluso, ambas a la vez), lo que debemos recordar de aquella fecha es que, cuando los gobernantes abandonan al pueblo a su suerte, el pueblo siempre se tiene a sí mismo para salir adelante.

 

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