El camino de la ingratitud

12. junio 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El proverbio de que nadie es profeta en su tierra adquiere un matiz más afilado en la dura tierra aragonesa. Sería demasiado complejo analizar las causas por las cuales la mayoría de las personas que destacan en Aragón por su actividad pública, se ven obligadas a tomar el camino de la ingratitud. Ni siquiera se libra de esta lacra la capital aragonesa, única gran urbe de la región, a pesar de carecer aún de mentalidad urbana.

Cuando quedan pocas horas para la elección de un nuevo alcalde y para el nombramiento de un nuevo gobierno municipal, es de justicia reconocer la labor de Juan Alberto Belloch al frente del consistorio zaragozano durante los últimos doce años. Por encima de sus aciertos y errores cotidianos, emerge su deseo estratégico de modernizar, cohesionar y embellecer la ciudad; un propósito que le ha acompañado desde el día de su designación como candidato a la alcaldía de Zaragoza, allá por 1999, hasta la última jornada de su mandato.

Quizá el mayor pecado de Belloch, ese del que jamás le absolverán los sacerdotes de la ranciedad aragonesa, fue pensar que una ciudad provinciana y tradicionalista del sur de Europa era capaz de transformarse en una de esas magníficas y bellas ciudades del norte que saben conjugar tradición y modernidad.

En el camino de la ingratitud, Belloch se encontrará desde hoy con el que ha sido su más estrecho colaborador en materia cultural y medioambiental. Jerónimo Blasco supo darse cuenta de que las grandes inversiones públicas que Zaragoza necesitaba para dejar de ser una urbe inconexa, hipertrófica y amorfa, requerían de la organización de un gran evento internacional. Así nació la candidatura de Zaragoza para organizar la Exposición Internacional de 2008, y así fueron posibles el cierre de los cinturones de ronda, la dignificación de las riberas, el soterramiento de la cicatriz ferroviaria, la recuperación para uso público del meandro de Ranillas, y el legado de un entorno arquitectónico tan espectacular como despreciado por el raquitismo intelectual del Gobierno de Aragón, del Gobierno de España y de Ibercaja.

Otro de los caminantes de la ingratitud será José Manuel Alonso, actual portavoz del grupo municipal de IU, que por los birlibirloques del cainismo izquierdista fue sutilmente apartado de la candidatura conjunta Zaragoza En Común, a pesar de haber dado suficientes muestras de honestidad, de preparación intelectual y de capacidad de gestionar de forma brillante parcelas de poder como el Plan Integral del Casco Histórico.

También en los segundos niveles de gestión municipal hay caminantes de la ingratitud. Uno de ellos es Francisco Pellicer, actual director del Centro Ambiental del Ebro y exdirector adjunto de contenidos de Expo Zaragoza 2008. A este traductor de paisajes y soñador de emociones (que no tendría problemas para ser alcalde en cualquier ciudad del norte del Europa) Zaragoza le debe la introducción del humanismo en aquellas zonas expositivas de la Expo que dependían directamente de la organización (Pabellón Puente, Torre del Agua, Plazas Temáticas y espectáculos públicos), y también en las múltiples actividades divulgativas que han llenado de vida el Centro Ambiental del Ebro desde el día de su inauguración.

Todo indica que hoy se cierra un ciclo en el Ayuntamiento de Zaragoza, un ciclo que ha estado protagonizado por la profunda modernización de la ciudad, y por la voluntad municipal de que ninguno de sus habitantes quedase atrapado por la crisis, a pesar del escaso margen de maniobra que tienen las políticas municipales frente a la potencia destructora del BOE y del BOA.

Esperemos que el ciclo que comienza mañana sea, al menos, igual de positivo que el que hoy termina, aunque algunos de los impulsores del anterior no vayan a estar presentes en el nuevo.

 

Tags: , , , , , , , ,

Comentarios cerrados