El caso Adrián

13. octubre 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La polémica suscitada por el caso de Adrián, el niño enfermo de cáncer que quiere ser torero, revela la potencia que tienen hoy los grandes medios de comunicación para desviar la atención de la ciudadanía hacia el lugar que deseen, incluso hacia los espumarajos que sueltan por su tecla algunos descerebrados. Los insulsos mentideros de la villa se convierten de este modo en una cuestión de política nacional, amplificada conscientemente por quienes desean que se hable de esto y no de lo otro.

Tras el paseíllo que Adrián realizó el pasado sábado con algunos de sus “héroes” en la plaza de toros de Valencia, ciertas personas supuestamente antitaurinas (ya que aquí también puede haber funcionado la estrategia de la “falsa bandera”) lanzaron un puñado de mensajes abominables contra su persona, llegando incluso a desearle la muerte.

Bien al contrario, la reacción lógica de cualquier persona sensata al ver las imágenes del paseíllo de Adrián hubiera sido la de empatizar con él por el instante de felicidad que estaba viviendo, y a continuación, en otro momento y lugar, tratar de explicarle que la tauromaquia es una actividad tribal y poco civilizada, cuya base consiste en sublimar el maltrato animal hasta una categoría mística que no le corresponde.

Pero la fuerza de los argumentos se debilita progresivamente en una sociedad que cada vez es menos lógica y mucho más insensata.

Así las cosas, se prevé una nueva batalla judicial entre taurinos y antitaurinos, al final de la cual, el tema de la tauromaquia seguirá en el mismo punto en que se encuentra ahora. Y así hasta la próxima tormenta mediática, que se resolverá del mismo modo.

Y mientras tanto, larga vida para Adrián, muy por encima de cualquier otra circunstancia.

 

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