El caso Espinar

3. noviembre 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Puede que la actuación de Ramón Espinar con su piso protegido de Alcobendas, siendo perfectamente legal, arroje algunas sombras éticas para quien sostiene que la vivienda debe ser un derecho y no un negocio. Puede incluso que existan ciertas contradicciones entre la actitud de aquel joven inversor que luego llegó a ser portavoz de Podemos en el Senado, y el discurso oficial del partido al que pertenece (promoción del alquiler frente a la propiedad, control público sobre las adjudicaciones de vivienda protegida, uso habitacional y no especulativo de los inmuebles,…).

Pero lo que resulta absolutamente desproporcionado es el circo informativo que los grandes medios de comunicación públicos y privados organizaron ayer en torno al asunto, con el único objetivo de que las personas con menor capacidad intelectual del país vayan hoy por los tajos, los comercios, los bares y las salas de espera propagando aquel mensaje simplón y fascista del “todos los políticos son iguales”.

Si una antigua actuación legal de un senador es capaz de abrir los telediarios y los boletines informativos de las grandes cadenas privadas, algo huele a podrido en el mundo del periodismo. Si la relevancia de una noticia está basada en un juicio de valor acerca de la coherencia existente entre la actuación legal de un político y el discurso de su partido, la duración de los espacios informativos crecería en la misma medida en que disminuiría su calidad periodística.

Hace casi un año advertíamos en este mismo espacio sobre los peligros del politainment, una moda norteamericana consistente en mezclar la política y el entretenimiento. Después de presenciar con estupor lo ocurrido ayer en las grandes cadenas del país, parece que esta moda ha llegado incluso a los espacios informativos.

Puestos a hacer noticia de actuaciones perfectamente legales que suponen una incoherencia política, sería más útil hablar, por su trascendencia pública, del pacto PP-PSOE para reformar el artículo 135 de la Constitución de espaldas al pueblo soberano (algo que ocurrió por las mismas fechas en las que Espinar vendió su vivienda protegida), o del más reciente apoyo del PSOE al PP para la investidura de Rajoy, o incluso, de la venta de las viviendas sociales de la Comunidad de Madrid a un fondo buitre.

Dicho esto, cabe recordar que nadie en la izquierda es imprescindible, y que el propio Ramón Espinar censuró a Willy Meyer cuando el entonces portavoz de IU en el Parlamento Europeo admitió haber suscrito un plan de pensiones privado para eurodiputados, sin saber que éste era gestionado por una sicav radicada en Luxemburgo. Espinar dijo entonces en su cuenta de Twitter que “Lo de Willy Meyer no es robar ni es corrupción. Pero es un comportamiento de Régimen, de privilegiado y de otros tiempos. #NoNosRepresenta”.

A pesar de que su actuación era perfectamente legal, Willy Meyer dimitió como eurodiputado para no llevar la sombra de la duda ética a la labor que diariamente realizaban otros compañeros y compañeras de su organización. Esperemos que, con idéntico objetivo y después de haber realizado una actuación inmobiliaria que “no es robar ni es corrupción, pero es un comportamiento de Régimen, de privilegiado y de otros tiempos”, Ramón Espinar actúe ahora como si fuera Willy Meyer.

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