El crimen de Idomeni

25. mayo 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Horas antes de que el gobierno de Tsipras ordenara el desalojo forzoso del campo de refugiados de Idomeni, una enfermera española denunciaba desde allí el lanzamiento de gases lacrimógenos contra familias indefensas, niños y ancianos. “Ha llegado un momento que no podía respirar, se te cierran los bronquios y no puedes abrir los ojos”, explicaba Gemma Poca antes de añadir que “todavía hay madres con hijos y bebés en brazos que pasan por allí para escapar; es un asesinato, de verdad” [ver 1] [ver 2].

Mientras tanto, el nuevo NO-DO de las grandes cadenas televisivas europeas habla de un desalojo modélico en el que los refugiados suben voluntariamente a los autobuses que les trasladan a “otros centros de acogida en el norte de Grecia”, sin que los policías y militares hagan uso de la fuerza.

Pero en realidad no sabemos si esto es o no cierto, ya que la primera fase del desalojo ordenado por Tsipras consistía en la evacuación forzosa de todos los periodistas y cooperantes que estuvieran operando en Idomeni. Sin testigos, cualquier desenlace sería posible, incluso el traslado engañoso de los refugiados a ese inmenso campo de concentración llamado Turquía.

Algunos analistas políticos y periodistas de reconocido prestigio han obviado en las redes sociales esta circunstancia, y se han limitado a señalar que “gobernar no es fácil” y que cuando se gobierna “hay que tomar las decisiones con la cabeza, no con el corazón”. Fin de la cita.

Sin embargo, gasear civiles indefensos, pisotear el derecho a la información, y evitar la presencia de testigos molestos en un lugar público, no son decisiones tomadas “con la cabeza”, sino actuaciones perfectamente dictatoriales que colocan a Europa en la senda de 1933.

Alexis Tsipras ha traicionado la esperanza que suponía el acceso al poder de personas y organizaciones contrarias a los dictados neoliberales de la Troika. Por eso, sería deseable que el Parlamento griego le quitara inmediatamente el gobierno, antes de que siga desprestigiando los valores democráticos y humanistas con los que concurrió a las urnas en enero de 2015. Un deseo imposible, si tenemos en cuenta que la mayoría parlamentaria de Tsipras está formada por 145 diputados de Syriza que acudieron a la política en busca del buen vivir, y por 10 diputados de la derecha ultranacionalista y xenófoba del partido ANEL.

La justicia social, los Derechos Humanos, la redistribución de la riqueza, las libertades fundamentales y la solidaridad con las víctimas de una guerra, tendrán que esperar a mejor ocasión.

 

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