El debate a cuatro y la pequeña gran coalición

14. junio 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El debate a cuatro que anoche celebraron Mariano Rajoy, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y Albert Rivera despejó algunas de las incógnitas que se han planteado de cara al 26-J. Así por ejemplo, pudimos comprobar que el PSOE de Pedro Sánchez mantiene su pequeña gran coalición con Ciudadanos, fruto del pacto de investidura que ambos partidos suscribieron en febrero.

A lo largo del debate no se produjo ni un solo ataque cruzado entre Sánchez y Rivera. Los votantes del PSOE tienen ahora la certeza de que su partido mirará hacia el centro-derecha tras las elecciones, del mismo modo que los votantes de Ciudadanos saben que sus papeletas acabarán en el saco del PSOE. Y eso, a pesar de la evidente contradicción entre los discursos económicos de un Rivera que aprovechó su primera intervención para apostar por una relación directa entre trabajador y empresario, y un Sánchez que proponía reforzar la negociación colectiva.

Rajoy, sin embargo, no necesitó a nadie para contradecirse. En un momento del debate se jactó de que la flexibilidad laboral (que es como los neoliberales llaman a los salarios bajos y a las condiciones precarias) está trayendo a España inversiones exteriores en el sector del automóvil. Poco después decía que tras el 26-J no serán necesarios nuevos recortes porque “esto se paga con empleo”, aunque la realidad demuestre que los empleos precarios, sin capacidad de consumo, no son capaces de levantar ninguna economía nacional. De la trampa argumental se dio cuenta hasta Albert Rivera.

Poco después, en el bloque sobre la autodeterminación de Cataluña, Rajoy afirmaba orgulloso que en este país “la ley se cumple”, sin reparar en que algunas leyes como la de Dependencia o la de Memoria Histórica son sistemáticamente incumplidas por los gobernantes del PP.

Otro aspecto que quedó claro en el debate de anoche es que las personas de ideología neoliberal están dispuestas a insistir una y mil veces en los errores conceptuales que condujeron a la crisis global de 2008. No puede esperarse mucho más de su escasa capacidad intelectual y de su inquebrantable apuesta por los intereses de los plutócratas.

Una circunstancia que no supo explotar Pablo Iglesias en su discurso. El candidato de Unidos Podemos soportó los ataques de Pedro Sánchez, respondiendo a ellos con un penoso “No soy yo, no soy yo, Pedro. El adversario es Rajoy”, cuando lo lógico era recordar que socialistas, populares y liberales impulsan todos los días las mismas políticas económicas neoliberales en las instituciones de la Unión Europea.

Una arriesgada estrategia para ganar votos socialistas indecisos, cuyo principal problema es que ha sido pergeñada por el mismo estratega que decretó la no confluencia entre Podemos e IU en las elecciones generales del 20 de diciembre, en lo que ha sido, posiblemente, el mayor error de Podemos desde su nacimiento.

En cuanto a los pactos postelectorales, ninguno de los candidatos observó que la injusta ley d’Hondt vigente en España sigue sobrerrepresentando a los partidos nacionalistas e independentistas, por lo que su desproporcionada presencia en el Congreso a partir del 26-J puede conducir a un nuevo bloqueo en la investidura del próximo presidente del Gobierno.

En resumen, mucho argumentario y poca política en un país donde los asesores de comunicación y de imagen están ganando la batalla a la sinceridad que debe presidir las relaciones democráticas entre representantes y representados.

 

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