El desorientado diputado Llach

26. abril 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Evidentemente, cada cual es libre para hacer con su prestigio lo que desee. La trayectoria laboral, política, artística, deportiva o profesional de cada persona es patrimonio propio. Sin embargo, da cierta tristeza ver cómo la autoridad moral de algunas figuras emblemáticas del antifranquismo se diluye entre actuaciones incomprensibles y declaraciones desafortunadas.

Es el caso del cantautor y vinatero Lluís Llach, que en 2015 decidió presentarse a las elecciones autonómicas catalanas compartiendo lista con un partido que, a lo largo de las últimas décadas, se ha dedicado a instalar en Cataluña una estructura de corrupción generalizada, de la que ahora vamos conociendo algunos datos.

Además, el desorientado diputado Llach anda por ahí diciendo que “todos los funcionarios que trabajan y viven en Cataluña” deberán cumplir la futura “ley de transitoriedad jurídica” (esa que prevé la “desconexión” institucional de Cataluña respecto al resto del Estado), y que “se lo tendrán que pensar muy bien” porque “el que no la cumpla, será sancionado”.

Con ello, el cantautor sitúa la cuestión catalana justo en el terreno donde al Estado español le interesa tenerla: el jurídico. Esa es la gran aportación del diputado Llach al independentismo catalán.

Seguramente, al realizar estas temerarias afirmaciones, el diputado Llach olvida que las “leyes de desconexión” serán recurridas por el Gobierno de España y suspendidas por el Tribunal Constitucional un minuto después de su aprobación en el Parlament, por lo que ese será todo el tiempo del que va a disponer la Administración autonómica para reprimir a los funcionarios que desobedezcan sus órdenes.

Y en la manga del Estado español todavía estaría la posibilidad de invocar el artículo 155 de la Constitución (avalada en 1978 por Convergencia y Unió), ese que habilita al Gobierno a “adoptar las medidas necesarias” para obligar a una comunidad autónoma al “cumplimiento forzoso” de aquellas obligaciones institucionales que se niegue a cumplir.

Por lo tanto, amenazar jurídicamente a los funcionarios catalanes en algo en lo que el gobierno autonómico va a sufrir una derrota jurídica antes de saltar al terreno de juego, supone una soberana estupidez que todavía están celebrando en Moncloa.

Cosa distinta es que el diputado Llach y la coalición por la que obtuvo su escaño, estén intentando provocar una intervención institucional directa del Estado en Cataluña, con el fin de incrementar la nómina de independentistas entre la población indecisa. En ese caso, las declaraciones del cantautor también supondrían un error, ya que revelarían un cierto estado de nerviosismo y desesperación política en Junts Pel Sí, posible preludio de una futura fase de descomposición.

 

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