El efímero espíritu del Tío Cuco

6. junio 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Hace algo más de seis meses, los partidos emergentes prometían convertirse en un soplo de aire fresco para la política de nuestro país. Frente al sistemático desencuentro que había enraizado en el bipartidismo, daba la impresión de que Podemos y Ciudadanos eran capaces de dialogar con otros partidos, de hacer autocrítica, de fundir el discurso con la práctica, e incluso, de llegar a acuerdos con sus adversarios políticos.

Jordi Évole materializó todo eso en la tertulia televisada que el programa Salvados organizó poco antes del 20-D en el bar del Tío Cuco de Barcelona. Pablo Iglesias y Albert Rivera conversaron de política con visiones diferentes pero sin presiones partidistas, como si se tratara de dos ciudadanos cualesquiera, desprovistos del peso de la institucionalidad.

Pero luego llegaron las elecciones generales, y con ellas, el nombramiento de ambos neopolíticos como presidentes de sendos grupos parlamentarios decisivos para una investidura que, a la postre, resultó imposible. Hace dos meses, en nuestro editorial titulado “La hipocresía de los emergentes” afirmábamos lo siguiente: “¿Es creíble que Podemos y Ciudadanos no puedan olvidarse de sus respectivas propuestas extremas, para alcanzar con el PSOE un acuerdo centrado en la justicia social, la recuperación de las libertades públicas perdidas, la construcción de un modelo educativo sensato, la promulgación de una ley electoral justa, la progresividad de los impuestos o la persecución de los grandes evasores fiscales? Si la respuesta es “Sí”, no cabe duda de que en aquel programa de Jordi Évole, los líderes de Podemos y de Ciudadanos se limitaron a realizar un ejercicio de hipocresía, cuyo único propósito era quedar bien ante sus respectivos electorados, sin que importaran demasiado los contenidos”.

Anoche se confirmó el fallecimiento del “espíritu del Tío Cuco” cuando Iglesias y Rivera volvieron a encontrarse de nuevo con Évole. Los líderes de Podemos y de Ciudadanos ya no eran dos jóvenes conversando sobre sus ideas políticas, sino dos líderes políticos realizando un debate decimonónico cuyo único objetivo era derrotar dialécticamente al enemigo.

El espíritu del Tío Cuco había muerto, y con él, también la “nueva política”.

Las afirmaciones populistas, las verdades a medias y las contradicciones flagrantes, inundaron #elpartidodevuelta entre Iglesias y Rivera. Una decepción en toda regla para quienes esperaban que estas formaciones aportaran un soplo de aire fresco a la política española. Las puertas y las ventanas se han cerrado, sin que las instituciones se hayan ventilado por completo. El bipartidismo ha quedado perfectamente desboblado, tal y como preveíamos aquí hace más de un año. La democracia (entendida como correlación entre los programas electorales a los que vota el pueblo soberano, y la posterior acción institucional de sus representantes públicos) no está, ni se la espera.

En veinte días, Elecciones Generales.

 

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