El ejemplo argentino

27. octubre 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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Doce militares argentinos acaban de ser condenados a cadena perpetua por los crímenes que cometieron durante la dictadura argentina (1976–1983) en la sede de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), principal centro de detención, tortura y asesinato de las autoridades del momento.

 

Con ello, la República Argentina da al mundo un ejemplo que ayuda a prevenir la falsa idea de impunidad abrazada por quienes se sublevan contra el pueblo, en nombre de la patria.

 

Argentina acaba de decir que, antes o después, los asesinos, torturadores, secuestradores y violadores pagan sus crímenes, excepción hecha de algún país como España, cuya ciudadanía jamás tuvo el coraje suficiente para juzgar a los brazos ejecutores de la represión ejercida durante la dictadura franquista.

 

Es más, quien lo ha intentado, el juez Baltasar Garzón, ha salido despedido de su empleo por culpa de una clase judicial ideológicamente corrupta en sus más altas esferas, y de una clase política inoperante que todavía confunde justicia con venganza.

 

La condena que ayer se dictó sobre estos doce asesinos argentinos (que decían defender a la patria mientras la mataban) no es un episodio de venganza, sino un acto de justicia que siembra las bases para una convivencia sana y perdurable en el país sudamericano.

Gracias a él, Alfredo Astiz, Jorge Acosta, Ricardo Cavallo, Adolfo Donda, Antonio Montes, Antonio Pernías, Raúl Scheller, Jorge Radica, Alberto González, Néstor Savip, Juan Carlos Coronel y Ernesto Weber (además de Manuel García Tallada y Juan Carlos Fotea, condenados a 25 años de prisión, y de Carlos Capdevila y de Juan Antonio Azic, condenados a 20 y 18 años, respectivamente), han aprendido una frase que dijo Montesquieu hace más de dos siglos: “ningún poder ilimitado puede ser legítimo”.

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