El ejemplo de Islandia

4. abril 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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Las consecuencias de la especulación financiera y económica que ha producido la crisis mundial están recayendo sobre trabajadores, pensionistas y parados. El dios Mercado y sus profetas exigen a estos colectivos esfuerzos absolutamente inasumibles, como paso previo hacia la tierra prometida de la normalización.

 

Sin embargo, hay un pedazo de tierra entre el Atlántico norte y el Océano Glacial Ártico cuyos habitantes se han levantado pacíficamente para negarse a pagar semejante factura y para reclamar que los culpables de la crisis asuman sus responsabilidades.

 

Se trata de Islandia, un pequeño país que ejercía como paraíso del Estado del Bienestar hasta que unos cuantos desalmados decidieron comprar voluntades de banqueros, empresarios y políticos, con vistas a convertirlo en el campo de maniobras del capitalismo salvaje.

 

Algunos alegarán que es fácil poner de acuerdo a una población nacional de poco más de 300.000 habitantes, pero el ejemplo que Islandia está ofreciendo al mundo en estos momentos no tiene tanto que ver con el volumen de su población, como con la conciencia cívica que ésta ha practicado durante siglos.

 

Los islandeses e islandesas saben y asumen que la situación natural de un país es el Estado del Bienestar, y que la especulación que les ha llegado –desde fuera y desde dentro– no es más que un virus contra el que están construyendo los oportunos anticuerpos.

 

Sin embargo, en el resto de Europa (excepción hecha de la mayoría parlamentaria portuguesa que hace unos días tumbó los planes antisociales de Sócrates) la enfermedad neoliberal se ha convertido en el estado natural para una sociedad que, o bien no es capaz de levantar la voz para oponerse (caso de España), o bien siente desoída al protestar contra sus gobernantes, más preocupados por ofrecer sacrificios al dios Mercado que por garantizar el bienestar de sus respectivas ciudadanías.

 

La sociedad europea en su conjunto debe optar en estos momentos por reivindicar activamente la democracia y el Estado del Bienestar como elementos básicos de la convivencia pacífica, o por seguir permitiendo que unos cuantos psicópatas de la economía triunfen en su propósito de hacernos retroceder más de cien años en cuanto a derechos sociales y niveles salariales. Sería conveniente seguir el ejemplo islandés.

 

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