El ejemplo de Portugal

24. septiembre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

No es la primera vez que en este mismo espacio resaltamos el ejemplo que aportan nuestros vecinos portugueses a la convivencia democrática y a la paz social. El 24 de marzo de 2011 señalábamos en nuestro editorial titulado Valentía portuguesa que el parlamento de aquel país había sabido rechazar las medidas antisociales propuestas por el primer ministro socialista José Sócrates para ganarse el favor y el rescate de Bruselas.

Sin obviar el hecho de que aquel episodio pudo deberse a una maniobra electoralista del centro derecha encabezado por Pedro Passos Coelho para alcanzar el poder, lo cierto es que pocos días después, el ya dimisionario Sócrates solicitaba el rescate a Europa condenando a su país al caos económico, y determinando la política económica a seguir por el nuevo gobierno que se disponía a salir de las urnas. 43 días fue lo que tardó la UE en fijar las condiciones del rescate.

Pero este sábado el gobierno portugués de Passos Coelho ha dado marcha atrás a una de las medidas antisociales que se disponía a aprobar (subir las cotizaciones sociales a los trabajadores y rebajarlas a los empresarios), al hacerse eco de las protestas de la oposición, de la calle, de los sindicatos y hasta de la propia patronal lusa.

A pesar de la cercanía geográfica, múltiples diferencias culturales han hecho posible que en Portugal suceda lo que parece impensable en España.

La primera es que los empresarios portugueses han sido capaces de percibir que si se sigue escamoteando dinero del bolsillo de los trabajadores, la demanda interna se resentirá todavía más, haciendo casi imposible la venta de productos y servicios que aquellos ponen en el mercado, lo que traerá más desempleo, más miseria y menos beneficios industriales. Los empresarios españoles, por el contrario, necesitarían una enorme pizarra y varios meses de cursos intensivos de economía para poder comprender esta sencilla realidad.

La segunda diferencia es que las fuerzas armadas y policiales lusas han dejado claro que no piensan reprimir a la población que luche por sus derechos, aunque reciban la orden de hacerlo. Por el contrario, en España la situación está compuesta por unos gobernantes decididos a reprimir violentamente a la disidencia ciudadana, y por unas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado dispuestas a cumplir todas las órdenes que reciban, aunque vengan del mismo Gobierno que les arrebata injustamente la paga extra de Navidad.

La tercera diferencia es que la mayoría de la población portuguesa siente los derechos y garantías constitucionales como una conquista propia, mientras que en España se siguen percibiendo como una especie de concesión graciosa del poder que, lo mismo que viene, se va.

 

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