El fracaso de Rubalcaba en Galicia y País Vasco

22. octubre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La jornada electoral que ayer se vivió en las comunidades autónomas vasca y gallega tuvo un destacado denominador común: el estrepitoso fracaso cosechado por las candidaturas socialistas, que pasaron de 25 a 18 escaños en Galicia, y de 25 a 16 en el País Vasco, en este último caso, tras haber gobernado el territorio durante los tres últimos años.

En Galicia, el PP incrementa su mayoría absoluta a pesar de perder más de 135.000 de los casi 790.000 votos que obtuvo en 2009. Sin embargo, el Partido de los Socialistas de Galicia perdió ayer casi la mitad de los 524.500 votos conseguidos hace tres años. La izquierda alternativa, encarnada en esta ocasión en Galicia por la coalición Alternativa Galega de Esquerda (ANOVA–EU–EQUO–EES), es la que recibe el voto de muchas de las mareas ciudadanas que afirman que quienes nos metieron en la crisis no son los más indicados para sacarnos de ella.

En el País Vasco, el Partido Socialista de Euskadi tampoco ha sido capaz de rentabilizar el descontento social que provocan las políticas neoliberales impulsadas por el PP. Más allá del componente independentista, no cabe duda de que buena parte de este descontento forma parte de las papeletas de EH–Bildu que ayer fueron depositadas en las urnas vascas.

Los dirigentes y los militantes del PSOE deberían intentar responder a una sencilla pregunta: ¿por qué el PP realiza desde el gobierno la mayor agresión contra los derechos sociales de la historia de la democracia, y sin embargo, es el PSOE en la oposición el que recibe el mayor castigo en las urnas?

El pasado 6 de febrero, CRÓNICA DE ARAGÓN indicaba en este mismo espacio que Rubalcaba no era la mejor opción para la renovación del PSOE, después de la estrepitosa derrota sufrida por su candidatura en las últimas elecciones generales. De nuevo, el tiempo nos ha dado la razón.

Alfredo Pérez Rubalcaba debe dimitir hoy mismo como secretario general del PSOE, dando paso a una profunda y sincera renovación generacional e ideológica en el seno de esta formación política. Las castas, los aparatos, los contubernios, las familias, los apaños y los galones deben desaparecer de un partido que, siguiendo el ejemplo de Grecia, está a punto de verse barrido por todas esas mareas ciudadanas de las que hablábamos antes.

Y con Rubalcaba deben irse todos aquellos y aquellas que sigan defendiendo el social–liberalismo como línea política del partido, en primer lugar porque éste conduce inexorablemente a un fracaso económico y social similar al que trae consigo la ortodoxia neoliberal, y en segundo lugar, porque resulta una falta de respeto hacia los votantes estar en contra de los recortes desde la oposición, y practicarlos o haberlos practicado desde el gobierno.

 

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