El Gobierno y el rescate de las autopistas

13. diciembre 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El Gobierno de España acaba de mostrarnos una vez más cómo funciona el capitalismo salvaje. Unas cuantas grandes empresas de la construcción (de esas que acogen los culos de algunos exgobernantes) proponen construir unas cuantas autopistas, pidiendo prestado el dinero a unos cuantos bancos. Para hacer viable la operación, presentan un proyecto poco realista en el que sobrevaloran los beneficios y minusvaloran los costes.

Cuando llega el momento inevitable de la quiebra, los gobernantes en ejercicio (esos que buscan apoltronar algún día sus culos en los Consejos de Administración de esas grandes empresas) dan al asunto un tratamiento muy diferente al que normalmente merece para ellos la quiebra de la ferretería de la esquina. “Las autopistas revertirán al Estado y el Estado decidirá cómo gestionarlas”, dijo ayer el ministro de Fomento Íñigo de la Serna en Los Desayunos de TVE.

El despilfarro privado que supone construir unas autopistas innecesarias, deficitarias y mal gestionadas, va a recaer de nuevo sobre las espaldas de todos los contribuyentes españoles, excepción hecha de aquellos buenos patriotas que colocan sus capitales en paraísos fiscales.

Se calcula que el coste de la broma podría superar los 5.000 millones de euros, aunque con las últimas técnicas de ingeniería presupuestaria y de comunicación avanzada, seguramente el pueblo soberano recibirá la noticia de que ha sido mucho menor.

Los bancos recuperarán en efectivo una parte del préstamo, y la otra la conseguirán a largo plazo mediante algún que otro favor gubernamental. Las constructoras salvarán el culo sin lesionar los intereses de sus accionistas. Y el Gobierno de España volverá a escribir una página penosa de nuestra historia institucional; casi tan irritante como aquellas otras escritas por el régimen de Aznar, cuando amplió hasta 2021 la concesión privada de la autopista AP-2 y hasta 2026 la de la AP-68, pasando por alto el dato de que la alta siniestralidad de sus carreteras nacionales paralelas las convierte en auténticos mataderos de personas.

 

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