El inepto Dijsselbloem

23. marzo 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, cometió un exabrupto durante la entrevista que concedió la semana pasada al diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung. Como casi todo el mundo sabe (y como casi todo el mundo critica), Dijsselbloem dijo textualmente que “en la crisis del euro, los países del Norte se han mostrado solidarios con los países afectados por la crisis. Como socialdemócrata, atribuyo a la solidaridad una importancia excepcional. Pero el que la solicita, tiene también obligaciones. Uno no puede gastarse todo el dinero en copas y mujeres, y luego pedir que se le ayude”.

Pues bien, este “socialdemócrata” holandés culpó ayer de su exabrupto al mismísimo Juan Calvino, uno de los pensadores más brillantes de la historia de Europa, al declarar que su polémica declaración nace de “la franqueza de la estricta cultura calvinista holandesa”.

Pues bien, con la franqueza de lo mejor de la cultura mediterránea, es justo decir que Jeroen Dijsselbloem es un inepto indigno de ocupar el cargo que ostenta en Europa.

Y todo ello, por tres razones. La primera es porque, al decir lo que dice, el presidente del Eurogrupo hace gala de un chovinismo insoportable a favor de la Europa del Norte y en detrimento de la Europa del Sur. Y lo hace sin tener en cuenta las diferencias culturales, políticas, religiosas, económicas y sociales que han regido la evolución de cada Estado europeo a lo largo de la historia.

En función de eso, lo que tendría que estar criticando Dijsselbloem es la precipitación con la que los artífices del Tratado de Maastricht impulsaron una moneda única, sin una previa convergencia económica real entre los Estados que iban a formar parte de ella.

Y esto enlaza con la segunda razón por la que Dijsselbloem es un inepto: la hipocresía. La Comunidad Económica Europea primero, y la Unión Europea después, reservaron para los Estados del sur del continente el papel de países de servicios, orientados sobre todo hacia el turismo. La triste, industrial y plomiza Europa del Norte, encontró en la colorista Europa del Sur el complemento ideal para disfrutar de unas vacaciones formidables sin necesidad de pasaporte ni de cambio de moneda.

Pero lo que resulta inadmisible es que, después de divertirse en el sur de Europa, los políticos del norte critiquen un modo de vida distinto al suyo, y mucho menos, realicen una caricatura grotesca e insultante del mismo.

Y con ello, llegamos a la tercera razón por la que Dijsselbloem es indigno de seguir presidiendo el Eurogrupo: su machismo. Lamentablemente, en el sur de Europa existe la prostitución, al igual que en el Barrio Rojo de Ámsterdam, pero decir que aquí nos gastamos todo el dinero en copas y mujeres” es una afirmación que sólo está al alcance de ciertos babosos retrógrados como el propio Dijsselbloem.

Cuando la supuesta izquierda asume el discurso xenófobo, machista y arrogante de la extrema derecha, ésta última avanza entre la sociedad. Quizá por eso el Partido del Trabajo (PvdA) de Dijsselbloem era hace cinco años la segunda fuerza política de Holanda con 2.340.000 votos, y hoy ese puesto está ocupado por el ultraderechista Partido por la Libertad de Geert Wilders, mientras el PvdA ha retrocedido hasta la sexta posición, con solo 600.000 votos.

 

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