El inmenso error de Pablo Iglesias

22. diciembre 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Cualquiera que conozca la actualidad política, sabe que fue Pablo Iglesias el que bloqueó la posibilidad de presentar una candidatura de confluencia Podemos-IU a las Elecciones Generales del pasado domingo. Cualquiera que conozca el Diccionario de la RAE sabe que no es lo mismo “confluir” que “absorber”. Cualquiera que conozca los secretos de la aritmética, sabe que 5.182.414 es una cantidad menor que 6.104.069.

Esta última cifra es el número de votos que hubiera cosechado una candidatura conjunta de Podemos y de Izquierda Unida en las elecciones del 20D. Con ello, hubieran superado al PSOE como primera fuerza política de la izquierda, colocando a la suma muy cerca de la mayoría absoluta, o incluso, superándola, por el efecto llamada del voto útil.

Cierto es que, contemplando los resultados, Podemos ha tenido la capacidad de sacar de la abstención a cientos de miles de votantes de izquierdas, pero no lo es menos que los 69 diputados cosechados por Podemos y sus confluencias regionales con otras organizaciones como IU-Galicia o Iniciativa, no van a servir para gran cosa.

Si una Unidad Popular integrada por Podemos y por IU se hubiese colocado como segunda fuerza del país y primera de la izquierda, el PSOE estaría ahora en la tesitura de posicionarse del lado del PP, o bien, del lado de las grandes demandas sociales que se están planteando en este país.

Pero la cerrazón de Pablo Iglesias mató esta opción casi antes de que naciera, y sin que la militancia de Podemos tuviera la ocasión de defenderla, ya que en ningún momento fue consultada sobre política de alianzas.

El resultado de este inmenso error está ahora delante de nosotros: la única posibilidad de que España tenga un gobierno estable pasa por un acuerdo, más o menos explícito, entre el PP y el PSOE. Los dos grandes partidos del país (que siguen sumando más de la mitad de los votos) encontrarán pronto la excusa para formar la “gran coalición” que desea el dios Mercado. La economía, el empleo o el desafío independentista catalán, serán algunos de sus argumentos.

Lo que quizá no calibró Pablo Iglesias en su momento, es que para formar esta “gran coalición”, la primera exigencia del PP será que los socialistas dejen de apoyar a los gobiernos municipales de unidad popular en las principales ciudades españolas (algo que, por cierto, no supondrá ninguna amargura para los socialistas zaragozanos), ya que los populares saben que esos ayuntamientos albergan el germen del cambio.

Sin duda, un gran servicio del líder de Podemos a la izquierda social y política de este país.

 

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