El inútil discurso del rey

26. diciembre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Siguiendo la línea descendiente de su trayectoria personal, el rey Juan Carlos I ofreció esta Nochebuena un discurso vacío y previsible, lleno de tópicos y aderezado de falsedades, que sólo puede agradar a los políticos más implicados en el golpe de Estado económico que sufre este país, y a los ciudadanos con menos deseos de conocer el qué, el quién, el cómo, y sobre todo, el por qué de las cosas.

Si el año pasado elogiábamos en este mismo espacio el que considerábamos como el Mensaje de Navidad más comprometido del monarca, en esta ocasión tenemos que decir que afirmaciones como “las renuncias de hoy han de garantizar el bienestar de mañana”, “es hora de que todos miremos hacia delante y hagamos lo posible por cerrar las heridas abiertas”, “austeridad y crecimiento deben ser compatibles”, sólo suenan a verborrea gubernamental.

Pero más allá de lugares comunes, lo realmente preocupante es que el Jefe del Estado presente a la ciudadanía una visión errónea de la realidad al señalar, por ejemplo, que “la grave crisis económica que atravesamos desde hace unos años ha alcanzado una intensidad, una amplitud y una persistencia en el tiempo que nadie imaginaba”. En primer lugar, todas las agencias internacionales independientes coinciden al afirmar que esta no es la crisis del 2008 sino una nueva que tiene como padre al recorte de derechos sociales y laborales en la UE, y como madre a la consolidación fiscal que algunos gobernantes ineptos tratan de construir ignorando la coyuntura económica en la que ejercen su labor.

En segundo lugar, no es cierto que la “amplitud y persistencia” de esta segunda crisis no fuera imaginada por “nadie”, como dice Juan Carlos I, ya que muchos expertos en Economía como Vicenç Navarro, Juan Torres López o Miren Etxezarreta, así como numerosos círculos sociales, profesionales, políticos y mediáticos, vienen/venimos afirmando desde hace más de dos años que los recortes, la demolición de los derechos sociales y la austeridad presupuestaria sólo resultan idóneos para construir un futuro más pobre y con más desigualdades sociales. El problema, pues, no reside en que “nadie” pudiera prever la amplitud de la crisis (como dice el monarca), sino en que las voces alternativas que alertaron sobre ella ni fueron ni son escuchadas.

Particularmente patética resulta la llamada del monarca español a revivir el espíritu político de la Transición, cuando cada día se demuestra que la derecha nunca tuvo intención alguna de cumplir el contenido social de la Constitución Española, y que la Carta Magna sólo fue un instrumento para renovar determinadas estructuras institucionales y para sacralizar algunos conceptos procedentes del régimen franquista como la indisoluble unidad de la patria, la bandera utilizada por el bando nacional, o la persona del heredero designado por el dictador como nuevo Jefe de Estado tras su muerte.

Igualmente llamativa es la incursión del rey Juan Carlos en el terreno de la adivinación esotérica, cuando remarcó el “sacrificio de todos los españoles que dejan ahora nuestro país para conseguir mejores condiciones de vida para ellos y sus familias”, para afirmar seguidamente que “su experiencia y preparación constituirán a su regreso un importantísimo efecto dinamizador de nuestra economía” ¿Qué bola de cristal le ha dicho a Su Majestad que los neoemigrantes españoles volverán algún día al país que les expulsó de su mercado laboral?

En cualquier caso, el inútil discurso que el rey dedicó anteayer a la ciudadanía olía a derrota, ya que después de subrayar “la solidaridad de muchas organizaciones asistenciales que, con su ayuda, tanto están contribuyendo a la estabilidad social”, afirmó que “generosidad, solidaridad y compromiso son los valores que todos debemos reconocer, conservar y promover siempre, y en estos tiempos más que nunca”. Si comparamos esta última frase con la pronunciada durante el Mensaje de Navidad de 2011, en la que Juan Carlos I habló de “educación, trabajo, esfuerzo, iniciativa, compromiso, solidaridad”, observaremos que se mantienen los conceptos de “compromiso y solidaridad”, pero los de “educación, trabajo y esfuerzo” son sustituidos por el de “generosidad”.

Así pues, el futuro laboral de millones de españoles deja de existir para ser sustituido por un futuro meramente asistencial. Es el signo de los tiempos.

 

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2 Comments to “El inútil discurso del rey”

  1. la mula dice:

    arre borrico, arre, arre are, que ya has llegado tarde,

  2. jaime dice:

    A cazar elefantes y osos borrachos, desgraciado.