El ministro y el imputado

17. agosto 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Cierto es que no todos los encuentros mantenidos por cargos públicos en sede oficial son objeto de comunicación pública. Cierto es que cada cual –gobernante o no– se reúne con quien quiere y donde le da la gana. Cierto es que, desde el punto de vista de los intereses públicos, resultan más temibles muchas de las reuniones no oficiales mantenidas por representantes institucionales en sede privada, que la que el pasado 29 de julio mantuvo el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, con el presunto delincuente Rodrigo Rato Figaredo, en la sede del Ministerio.

Pero lo que resulta absolutamente inadmisible en un Estado de Derecho es el trato de favor que el régimen de Rajoy ha proporcionado al último de sus ángeles caídos, según las declaraciones del propio ministro durante su comparecencia del pasado viernes ante la Comisión de Interior del Congreso.

Decir que el objeto de la reunión fue la seguridad pública asignada a una persona que ni siquiera ha presentado denuncia alguna por haber recibido amenazas, es tanto como afirmar que todas las personas amenazadas han podido, pueden y podrán reunirse con Fernández Díaz en su despacho ministerial. Pero no es así. Ninguna de las mujeres amenazas de muerte por sus parejas o exparejas se ha reunido a título individual con el ministro en su despacho para tratar individualmente su caso. Tampoco han sido recibidos en estos términos ninguno de los activistas sociales amenazados de muerte en las redes sociales, ni tampoco ninguno de los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o de las Fuerzas Armadas en idénticas circunstancias, ni mucho menos ninguno de los políticos de la oposición que reciben a diario amenazas impunes.

Sabemos que la derecha mantiene una relación genética con la tradición, y sabemos también que, según la tradición, Rodrigo Rato fue vicepresidente del Gobierno de España. Sin embargo, la realidad actual indica que Rato es sólo un imputado por graves delitos económicos que ha sido recibido en su despacho ministerial por Jorge Fernández Díaz para hablar sobre su seguridad personal.

El trato de favor dispensado a Rato desde el Ministerio sería motivo suficiente en cualquier país civilizado para que el titular de Interior dimitiera de su cargo. Pero en la “España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María”, que tan brillantemente retrató Antonio Machado hace más de cien años, este tipo de dimisiones no existen.

 

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