El neoliberalismo vuelve a matar

16. diciembre 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Hace casi un año advertíamos en este mismo espacio que el neoliberalismo mata. En aquel momento hacíamos alusión al parado de larga duración, casado y con hijos, que se había quemado a lo bonzo delante de un hospital malagueño tras llegar a la dura y errónea conclusión de que lo mejor era quitarse de en medio.

Sin embargo, ninguno de nuestros argumentos hizo reflexionar a esa casta de perturbados mentales que detentan el poder político y el poder económico en el nuevo mundo globalizado. El resultado es que el neoliberalismo ha vuelto a matar.

Hoy nuestros gobernantes, nuestros grandes empresarios y nuestros grandes banqueros tienen las manos manchadas de sangre porque tres de los cuatro miembros de una familia pobre de Alcalá de Guadaíra, que malvivía comiendo los productos caducados que les regalaban, acaban de morir a causa de una intoxicación alimentaria.

Primero, el sistema los mató privando a los progenitores de la posibilidad de ganarse la vida con su trabajo, un derecho constitucional establecido en el artículo 35 de nuestra Carta Magna, que sin embargo, pasa desapercibido para todos aquellos que sólo se rasgan sus vestiduras constitucionales cuando alguien pretende convocar un referéndum sin tener derecho a ello.

Luego, cuando ya estaban en el suelo, el sistema los remató negándoles “las prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo” que instituye el artículo 41 de la Constitución.

Y finalmente, el sistema se ensañó con esta familia a través de unos recortes en materia sanitaria que despojaron a las víctimas de su derecho constitucional a recibir de la sanidad pública “las prestaciones y servicios necesarios” para la protección de su salud (art. 43), incluida una posible hospitalización tras la primera de las dos llamadas que realizaron a los servicios de Urgencias.

Este desgarrador episodio debe recordarnos dos cosas. La primera es que con el actual modelo económico, cualquier persona puede convertirse en pobre en cualquier momento. La segunda es que el neoliberalismo seguirá matando a personas pobres siempre que tenga ocasión, o lo que es lo mismo, hasta que una fuerza ciudadana (tan grande, al menos, como la que se ha levantado en Ucrania para cuestionar lo que muchos habitantes de aquel país consideran una decisión errónea de su gobierno) se eleve sobre la avaricia, la insolidaridad, la incultura y la chulería social de unos pocos, hasta que logre aplastar todas esas lacras humanas.

 

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