El neoliberalismo y la factura de la luz

1. octubre 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El neoliberalismo pone los servicios esenciales del Estado en manos privadas para que los y las accionistas de algunas grandes empresas se lucren con ellos. De este modo, Electricidad, Gas, Telecomunicaciones, Combustibles, Agua, Sanidad, Educación, y hasta el propio Ejército (en los casos más extremos como el norteamericano) pasan a regirse por las corruptas leyes del mercado, en lugar de responder a las necesidades racionales de la población.

En este sentido, buena parte de los usuarios de nuestro país se ha indignado al recibir el último recibo de la luz, con una subida media del 11%. El dios Mercado ha decidido que ayer, 30 de septiembre de 2014, el megavatio/hora tuviera un precio de 66,98 euros, frente a los 49,91 de finales de agosto y los 48,21 de últimos de julio. De esta forma, la media del tercer trimestre queda en 52,34 euros, un 31% por encima de los 39,93 del segundo trimestre, y más del doble (102%) respecto a los 25,80 euros del primer trimestre del año.

La luz sube porque lo dice el Mercado, pero sobre todo, porque el Estado ha cedido sus competencias al Mercado sin consultar previamente al pueblo soberano al que tanto aluden ahora los gobernantes del bipartidismo para arremeter contra el referéndum soberanista catalán.

Desde el punto de vista del Mercado, es decir, de los accionistas de las grandes compañías energéticas, el recibo de la luz debe subir para incrementar sus beneficios, independientemente de que esa subida se produzca en un país con el 25% de paro, con el 20% de pobreza infantil, y con la segunda mayor tasa de desigualdad social de toda la UE. Da igual los efectos que esta subida vaya a provocar en la demanda interna, o en la calidad de vida de la gente: el recibo de la luz debe subir porque así lo desean los accionistas del oligopolio energético, unos tipos residentes en La Moraleja, en Neguri, en Pedralbes, en Palm Springs, en Kensington, en Dubai, en el Lago Como, o en Wolseley Road, que luego gastan su dinero en productos y servicios de lujo a lo largo y ancho del planeta.

Mientras tanto en España, con la tasa de pobreza creciendo cada día y el poder adquisitivo de la ciudadanía en pleno desplome, se prevé un invierno de pobreza energética, de niños pasando frío incluso en los barrios no tildados como “marginales”, de frustración paterna y de penuria económica generalizada.

¡Bienvenidos, bienvenidas al capitalismo salvaje!, cuyo lema es algo así como “Todo por el enriquecimiento de los más ricos”.

 

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