El nuevo templo del nuevo dios

4. octubre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Hoy abre sus puertas al público en Zaragoza el mayor centro comercial y de ocio de toda Europa. Dicho así, podría pensarse que Puerto Venecia va a convertirse en la panacea necesaria para resolver los problemas de la economía aragonesa. Sin embargo, construir 20 hectáreas de equipamiento comercial y de ocio en una de las regiones más deprimidas de uno de los países más deprimidos de la Unión Europea, con récord en desempleo, con una demanda interna en niveles mínimos, y con una clase trabajadora que cada día ve recortada su capacidad adquisitiva, más parece una imprudencia empresarial que la culminación de un proyecto idóneo para nuestra economía.

En el actual contexto económico y en el que se prevé para los próximos años, si Puerto Venecia logra atraer a clientes de toda Europa, en consonancia con el volumen del recinto, es posible que este complejo lúdico–comercial pueda permanecer en el tiempo.

Si por el contrario, los promotores confían en la clientela local para garantizar la rentabilidad del negocio, pronto comenzarán a verse tantas tiendas vacías como las que hoy se pueden contemplar en los pasillos de Grancasa, El Caracol, Aragonia o Plaza Imperial.

En cualquier caso, Puerto Venecia ha sido diseñado y construido para convertirse en el nuevo templo del nuevo dios Mercado, un lugar donde la espectacularidad toma el relevo a las formas tradicionales de comercio y de ocio. No hay que olvidar que los vientos económicos soplan en este momento a favor de las grandes empresas y por lo tanto en contra de las pymes, que son consideradas como un símbolo de atraso económico. En esta tesitura, el comercio de proximidad tiene los días contados.

El tiempo marcará el éxito o el fracaso de Puerto Venecia, los beneficios o perjuicios económicos, laborales y medioambientales que aporta a la ciudad, así como su impacto sobre los demás centros comerciales, hipermercados, supermercados, grandes superficies y pequeños establecimientos de la capital aragonesa.

De todos modos, habría que ponerse en la piel de cualquier ciudadano o ciudadana del norte de la UE al que le cuentan que un país que está a punto de ser rescatado inaugura el mayor centro comercial y de ocio de toda Europa, con unas perspectivas de éxito más que dudosas, teniendo en cuenta la progresiva disminución de la renta disponible que se da en la inmensa mayoría de los hogares españoles.

No obstante, y en descargo de los promotores de Puerto Venecia, hay que reconocer que la racionalidad nunca ha estado muy presente a la hora de construir grandes templos.

 

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