El ocaso de las libertades

19. enero 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El neoliberalismo (también llamado “capitalismo salvaje”) se basa en dos premisas fundamentales: reducir el papel de los Estados a la mínima expresión (de ahí, las privatizaciones, las desregulaciones y los recortes), y perseguir a la disidencia minimizando los derechos y libertades fundamentales con interpretaciones restrictivas de los mismos en los ámbitos administrativo y judicial.

Acaba de conocerse la noticia de que el Tribunal Supremo ha condenado a un año de prisión al cantante César Strawberry por publicar seis tuits en los que el líder de la banda Def Con Dos se refería al franquismo, al terrorismo y a la monarquía española, entre otras cosas.

La Audiencia Nacional había absuelto a Strawberry en julio, pero la “Fiscalía, esa institución…” decidió recurrir al Supremo para obtener la actual sentencia condenatoria.

La violencia verbal que emana de los tuits de Strawberry sería excesiva, grotesca e incluso, delictiva, en un país donde no hubiera desahucios, ni muertes prematuras por el alargamiento de las listas de espera sanitarias, ni trabajadores y trabajadoras esclavizados en empleos infames, ni defraudadores fiscales, ni decenas de miles de demócratas enterrados en cunetas y barrancos, ni tampoco homenajes a los franquistas que sumieron a España en un agujero de 40 años de profundidad.

En ese país idílico, los tuits por los que ha sido condenado César Strawberry serían innecesarios. Pero en el país real que nos toca vivir cada día, el cantante se limitó a denunciar, con ácida ironía, situaciones que le parecían hirientes. La misma ácida ironía que utilizó el periodista Federico Jiménez Losantos cuando reconoció que le daban ganas de pegarles unos tiros a los de Podemos, o el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, cuando rebuznó que los familiares de las víctimas del terrorismo franquista “sólo se acuerdan de su padre cuando hay una subvención”.

Sin embargo, la Fiscalía del Estado no ha iniciado acciones judiciales contra uno ni contra otro.

Los señoritos de este país pueden hacer y decir lo que les dé la gana en la más absoluta impunidad, mientras al resto sólo se le permite callar, otorgar y sobrevivir. “Democracia consolidada”, lo llaman.

Por cierto, la Fiscalía de Murcia (ay… otra vez la Fiscalía…) pide dos años y medio de cárcel para una estudiante de 21 años que se ha mofado en Twitter de la muerte de un tal Carrero Blanco, que para quien no lo sepa, era un golpista, un fascista, un fundamentalista antidemocrático y un vicedictador.

 

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