El pacto fiscal que nadie quería

21. septiembre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Tal como cabía prever, la reunión que ayer celebraron Mariano Rajoy y Artur Mas en La Moncloa sólo sirvió para escenificar un desencuentro buscado por ambas partes. La razón hay que buscarla en el hecho de que el único punto del orden del día era un nuevo pacto fiscal entre Cataluña y el Estado central que nadie quiere que se ponga en marcha.

En el hipotético caso de que esta nueva situación de privilegio tributario se hubiera admitido a trámite, Artur Mas se habría quedado sin un poderoso argumento para continuar con la cruzada independentista en la que se ha embarcado, mientras que Mariano Rajoy se hubiera visto en la tesitura de tener que compartir con los nacionalistas catalanes la prerrogativa neoliberal de reventar a patadas la Constitución Española.

Precisamente, es esta norma superior la que establece –peculiaridades forales aparte– el principio de equilibrio económico territorial entre las regiones más prósperas del Estado, y aquellas otras que no han sido tan afortunadas a la hora de construir su desarrollo económico, bien por no disfrutar de una ubicación geográfica idónea para los intercambios comerciales, bien por haber padecido un caciquismo interno tan férreo como miope, o bien por no haber gozado del mismo trato de favor que el Estado central ha dispensado históricamente a las burguesías catalana y vasca.

En cualquier caso, Artur Mas piensa ya en la independencia, con unas elecciones anticipadas que se van a convocar próximamente en clave de plebiscito soberanista. Dos argumentos tan contrapuestos como falsos van a aportar toneladas de demagogia a este proceso político. El primero –el de los independentistas– es que “España” es la culpable de la mala situación económica por la que atraviesa la comunidad autónoma de Cataluña. El segundo –el de los centralistas– es que este proceso soberanista aporta una inestabilidad política que perjudica la recuperación de la economía española, Cataluña incluida.

Sin embargo, todo el mundo sabe que las razones del progresivo hundimiento de la economía del Estado español (Cataluña incluida), radica en las erróneas políticas que tanto La Moncloa como la Generalitat de Cataluña vienen aplicando desde mayo de 2010. Aunque posiblemente, buena parte de los y las votantes catalanes no estén tan preocupados por esta insignificante cuestión como por el hecho de que, tras la proclamación de la nueva República de Catalunya, el FC Barcelona vaya a tener al RCD Espanyol (en caso de que este club se siga llamando así) como máximo rival a batir.

No obstante, y a pesar de todas las variables que encierra esta compleja situación, al final será lo que el pueblo catalán quiera que sea, y así habrá que respetarlo, tal como ocurrió antes en Europa con la República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Bosnia–Herzegovina, Kosovo, Montenegro, Estonia, Letonia, Lituania, Bielorrusia, Ucrania, Georgia, Moldavia o la Antigua República Yugoslava de Macedonia.

 

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