El penalti de Sergio Ramos

2. julio 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

27 de junio de 2012. Estadio Donbass Arena de Donetsk. Tanda de penaltis de una semifinal muy complicada entre España y Portugal. Ambos equipos han fallado sus primeros lanzamientos, y han marcado en la segunda y tercera ronda de la tanda. El portugués Bruno Alves falla el primer lanzamiento de la cuarta, y Sergio Ramos se dirige hacia el punto fatídico para intentar poner a España en ventaja.

Él lo ha pedido. En el recuerdo de todos (en el suyo, también) aquel penalti que falló como jugador del Real Madrid en la semifinal de la Champions League ante el Bayern de Munich. Ramos lanzó el balón muy alto, y los comentarios jocosos incendiaron la red esa misma noche: que si era el penalti más alto del mundo, que si el balón había sido avistado en Oviedo, que si acababa de entrar en la órbita de Saturno, que si estaba a punto de abandonar la galaxia,…

Todo esto va en el sueldo de un futbolista de élite, pero eso no evita que el jugador se sienta decepcionado consigo mismo, dolido, afrentado, cuando uno de sus errores es presenciado en directo por los millones de personas que, de una u otra forma, pagan su sueldo.

Con todo eso, Ramos se dirigió el 27 de junio hacia el punto de penalti, miró, lanzó a lo Panenka y, haciendo gala de una serenidad admirable, marcó flojo por el centro de la portería mientras Rui Patricio miraba el balón desde el suelo.

Desde ese momento, el penalti de Sergio Ramos se convirtió en un símbolo de coraje y de superación personal. El deporte tiene la capacidad de ofrecer lecciones ejemplarizantes a la sociedad.

El capítulo siguiente a este penalti (obviando el marcado por Cesc Fábregas que nos llevaba hasta la final) fue el partido de anoche frente a Italia. Quién sabe si gracias a la fuerza anímica que inyectó este penalti en una selección española que había estado buscándose a sí misma durante todo el campeonato, sin encontrarse, La Roja realizó anoche una exhibición absoluta de fútbol, logrando su tercera Eurocopa al vencer a los de Prandelli por 4–0.

Tanto el penalti de Sergio Ramos como el triunfo final de la selección española en la Eurocopa 2012, deben traer aparejada una enseñanza para un país que intenta no ser desfigurado por medidas económicas injustas y por políticas antisociales: el destino no está escrito, nada es inmutable y todo se puede conseguir con esfuerzo, tenacidad, afán de superación y solidaridad entre las unidades que componen un colectivo.

Por cierto, hablando de esto último y teniendo en cuenta la situación del país, no estaría de más que los héroes de La Roja donaran las primas obtenidas por ganar la Eurocopa 2012 a determinadas organizaciones humanitarias que están ayudando a sostener una España en la que crecen de forma alarmante la pobreza y la exclusión social. Quizá este ejemplo sirviera para que nuestros gobernantes incluyeran mecanismos de solidaridad y de progresividad en el sistema fiscal español.

Por último, y volviendo a la Eurocopa 2012, cabe reseñar otro triunfo español, en este caso ocurrido en el terreno de lo mediático. Las retransmisiones de Mediaset han bordado la perfección, sobre todo, con la incorporación de dos de los mejores narradores que hay en nuestro país (Manu Carreño y Paco González) en las retransmisiones de los partidos jugados por España. Estos dos cracks del micrófono hicieron disfrutar a los telespectadores por partida doble,  al incrementar con sus comentarios la intensidad plástica del juego de La Roja.

 

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