El poder del miedo

9. diciembre 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Dentro de pocos días, con el estreno mundial de la séptima entrega de Star Wars, volverá a sonar una de las reflexiones más acertadas de cuantas han sido pronunciadas por un personaje cinematográfico: “el miedo es el camino hacia el lado oscuro”.

Años después de que el maestro Yoda realizara esta afirmación en la gran pantalla, el cineasta Michael Moore corroboraba su validez con su magnífico documental Bowling for Columbine. En él, y después de llevar a la pantalla un análisis soberbio acerca de las causas que empujan a la sociedad norteamericana a cometer/sufrir masacres periódicas sobre inocentes desarmados, Moore concluía que la influencia de la “cultura del miedo” sobre personas que tienen más acceso a las armas que a la cultura, es la causa principal de estas tragedias.

Si los fabricantes de la “cultura del miedo” tienen, además, la capacidad para convertir la guerra en negocio, el problema comienza a atravesar fronteras.

Durante las últimas horas se han registrado en diversos lugares del mundo acontecimientos políticos que están directamente relacionados con el miedo como motor de retrocesos socioeconómicos y culturales.

Por un lado, la aplastante victoria cosechada por las fuerzas reaccionarias en las elecciones legislativas de Venezuela, no es sólo fruto de las torpezas inquisitoriales de un gobernante inepto como Nicolás Maduro, sino también (y puede que sobre todo) de la guerra económica soterrada que los grandes capitales internacionales llevan años practicando en el país sudamericano. El arsenal de desabastecimiento, desinversión y descapitalización que esos grandes poderes ocultos han empleado en Venezuela es, sin duda, el mismo con el que amenazaron a la Grecia de Tsipras durante el primer semestre del año. En cualquier caso, estas elecciones acaban de demostrar que la Venezuela de Chavez y Maduro era una democracia, y no una dictadura como han venido cacareando durante los últimos años algunos de los seudoperiodistas televisivos más famosos y patéticos de este país.

Por otro lado, el fascismo acaba de triunfar en la primera vuelta de las elecciones regionales francesas, haciendo bueno aquel principio según el cual, basta con asustar a un país a través de ocho pistoleros a sueldo para que el miedo, la ira y el sufrimiento se transformen en racismo, xenofobia y autoritarismo. Pisoteadas quedan la Ilustración, la democracia, la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Y por último, tenemos al precandidato republicano mejor valorado para las elecciones presidenciales norteamericanas de 2016, enarbolando abiertamente la bandera del racismo, el ultranacionalismo y la xenofobia. Según Donald Trump, no sólo hay que construir un muro a lo largo de la frontera entre EEUU y México, sino que además hay que prohibir la entrada al país a cualquier extranjero de religión musulmana.

Los fascistas de los años 30 del siglo pasado provocaron una guerra mundial en la que perdieron la vida alrededor de 100 millones de seres humanos. Los fascistas actuales tratan de hacer negocio con otra guerra mundial de resultados mucho más catastróficos que la anterior. La diferencia entre aquella época y ésta, es que ahora existe una Declaración Universal de los Derechos Humanos que hacer valer frente a sus aspiraciones criminales. Esperemos que la cultura del miedo no anule todos los avances que la Humanidad ha logrado desde 1945. La Resistencia comienza en las urnas.

 

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